"¿Conoces ese lugar más allá de la cordura y la locura?

¿Donde la semilla de un sueño se convierte en un gigante arbóreo de tristeza y alegría?

¿Donde puedes palpar lo irreal?

¿Donde nadie conoce el significado de la palabra 'imposible'?

Yo, un humilde soñador, he estado allí.

Nunca he vuelto"


18 / 5 / 2004

CARTA PARA UNA PERSONA QUE NO VA A LEERLA NUNCA

Los nombres han sido alterados para evitar problemas.

Hola Cristina. Soy yo, El Mutante. Tal vez no me recuerdes. Tal vez no sea más que una sombra de un pasado ya olvidado. Pero aquí estoy.

Vivo y feliz de ser quien soy.

No ha pasado un solo día desde que comenzó este jaleo, sin que me hiciera una simple pregunta: ¿por qué? ¿Qué sentido tiene todo esto?

Todo empezó cuando tú, Cristina, dejaste de ser mi novia. Bueno, me costó un tiempo aceptarlo, pero pronto fuiste ya sólo una amiga para mí. Una amiga muy querida y respetada, eso si. Y puestos a ser sinceros, muy atractiva.

Me dejé llevar por el instinto, supongo. Yo sólo imaginé que, habiendo un mínimo de confianza entre ambos, no te importaría que te sugiriese aquello. Pero mi timidez y tu inmadurez lo hacía imposible. Así que pedí ayuda a una amiga de ambos, Laura, para intentar facilitar el terreno hablando contigo. Sin presiones, sólo conversando y sacando el tema como quien no quiere la cosa.

Al poco tiempo me sentí mal por ello. Pensé que no era justo que te ocultáramos eso, como si estuviéramos conspirando contra ti. Así que, armándome de valor y con la esperanza de que lo entenderías, dirías que no y luego olvidaríamos el tema, te lo expliqué todo.

Dijiste que no. Eso es innegable. Hasta ahí, todo correcto.

Creo que nunca más volveré a sincerarme con nadie. Lo que hiciste fue tan irreal, tan absurdo y falto de lógica o sentido común, que no conozco palabras para describirlo.

Vomitabas. No podías dormir. Estabas histérica. No te atrevías ni a conectar a internet.

Y todo por unas putas palabras de sinceridad.

Empezaste a tratarnos a Laura y a mí como a desconocidos. Los que éramos tus amigos, aquellos que te apoyábamos en todo, ya no éramos nada para ti. Tuvimos miedo, especialmente yo, de perderte. Así que empecé a buscarte y tratar de contactar contigo por todos los medios posibles, salvo por teléfono, pues no quería que tus padres se preocuparan por el asunto.

Pero tú, Cristina, ya se lo habías dicho. Para entonces me había enterado de que, cuando alguien te preguntó por mí, tú le respondiste "¿quién es El Mutante?". Eso fue como una puñalada en el corazón. Estaba tan furioso que hablé con tu hermano Nando y, debido a mi enorme enfado, le llamé loco. Algo de lo que me arrepiento y por lo que pido perdón.

Y todo por unas putas palabras de sinceridad.

Empezaba a sentirme desesperado. No quería perder a una de las pocas amigas que había tenido en toda mi vida. En un momento de poca lucidez por mi parte, te envié mensajes en los que amenazaba con decir por la televisión tu nombre, dirección y número de teléfono, si no dabas la cara lo antes posible. Me avergüenzo de haber tenido tan poco autocontrol en esa situación, y ojalá pudiera volver atrás en el tiempo para impedirlo. Pero he de decir algo en mi defensa: jamás pensé en llevar a cabo mis amenazas, sólo quería darte un empujón para que reaparecieras, aunque fuera enfadada, pues no hay ningún problema que dos amigos no puedan solucionar.

Hablé con tu madre. Me amenazó con ponerme una denuncia si no dejaba inmediatamente de tratar de hablar contigo. Llegamos a un acuerdo: estaría un par de meses sin decir ni una palabra. Durante ese tiempo no supe nada de ti, Cristina, mientras otros amigos míos y tuyos hablaban contigo sin problemas. Fue muy doloroso, pero albergaba la esperanza de que esto acabaría arreglándose.

Yo hice muchas cosas por ti, porque te quería. Ahora ya no te quiero, pero si te aprecio como amiga. Hubo un tiempo en que fuiste lo más importante del mundo para mí, y te enviaba regalos, y te ayudaba en todo lo que podía. ¿Y cuál fue mi recompensa? El silencio y la ignorancia. Crueldad en mayúsculas. Falsedad y una terrible puñalada trapera.

Y todo por unas putas palabras de sinceridad.

Cuando pasó un tiempo que yo consideré suficiente para haber reflexionado, había llegado a la conclusión de que tú, Cristina, nos debías una disculpa por lo que nos habías hecho pasar. Yo también te debía una, pero no me habías dado la oportunidad de hacértela llegar. No tuve elección ni libertad. Me convertí en un esclavo de tu voluntad infantil.

Intenté de nuevo hablar contigo. Estaba enfadado, y le comenté a un amigo de ambos, Miguel, que tú y tu familia necesitábais una lección, porque no podía ser que fuérais por la vida con esa actitud de "hago lo que quiero y no me importa el daño que pueda hacer". Le dije también que bastante daño nos habías hecho ya, y que ahora te tocaba a ti, pues tenía en mente resumir todo el asunto y publicarlo en internet. Es decir, lo que estoy haciendo ahora, con la idea de que alguien lea esto y saque sus propias conclusiones. Eso si, para evitarme problemas, he cambiado los nombres.

Dije literalmente "que se joda", refiriéndome a ti. Y lo dije porque estaba hasta las narices de tu actitud.

Miguel me traicionó. Te explicó lo que había dicho de ti porque, según él, tú se lo pediste. ¿No se suponía que me ignorabas y no querías saber nada de mí? ¿Por qué has cambiado tan rápido de opinión, Cristina? ¿Tan grande es tu necesidad de hacerme sufrir?

Pero la mayor perla se la llevó tu padre. Me llamó machista y aseguró que soy la clase de gente que pega a las mujeres. Creo que nunca me he sentido tan furioso.

Puede que me denuncien por esto. Pero ya me da igual todo. Ya no puedo soportar tanta traición y difamación contra mi. Me considero una buena persona, con los únicos defectos de no saber elegir bien las palabras, y de creer que existe la justicia.

Haz lo que quieras, Cristina. No te molestaré nunca más. No soy creyente, pero casi rezaría por el pobre chico con el que estás ahora, según me han contado. Rezaría para darle paciencia y valor, pues contigo a su lado la va a necesitar en grandes cantidades.

Y todo por unas putas palabras de sinceridad.

La esperanza es lo único que nunca muere. O eso dicen.

Sea como sea, yo ya no la veo.

Adios.

 
28 / 1 / 2004

Esto soy yo.

Es mi momento presente. Son mis pensamientos. Oscuras manchas se apoderan de mi mente, destruyendo los caminos de la cordura.

Pues mi locura va en aumento.

Yo tenía una amiga, y en verdad aún sueño que la tengo. Todavía imagino que todo sigue bien, que ella nunca se ha marchado. Que todo esto no es más que una pesadilla o una broma de mal gusto. Que el error que cometí no fue razón suficiente para acabar con una bella amistad.

Es la luz de la esquina. Es la esperanza, que no ha muerto y se resiste a abandonar mi ser.

Estoy enloqueciendo.

¿Cuánto más resistirá la esperanza? Quedan tres días para mi cumpleaños...

Tengo mucho miedo.

 
10 / 10 / 2003

Me encuentro exactamente una línea por debajo del último punto y aparte de mi vida. También podría interpretarse como el final de un capítulo y el comienzo de otro.

Pero claro, salvo algunas excepciones, la vida no es como en los libros.

Debería sentirme muy triste, más solitario que nunca y con la inspiración por los suelos. Lo extraño es que me siento animado, con más ganas de vivir que nunca y de imaginar nuevas historias. Al principio me he asustado un poco, pensando que mi corazón se había vuelto de piedra. Pero he llegado a la conclusión de que esto no es más que otro signo de madurez, que la vida sigue pese a todo lo malo que pueda ocurrir, y que lo que busque, sea lo que sea, me estará esperando en alguna parte.

Se acabó el amor, al menos por el momento. Un amor que nunca llegó a ser tal. Un amor que en realidad era una gran amistad, la cual aún se mantiene.

Y espero que siga así por mucho, mucho tiempo.

 
16 / 7 / 2003

Calor. Mucho calor.

Es curioso lo que hace el calor. Altera el cuerpo de una forma extraña, ya que aunque hace que vivamos un estado de vagancia y tranquilidad, paradójicamente dispara los instintos.

En verano somos mucho más tranquilos. Y al mismo tiempo, mucho más agresivos y lujuriosos. Son, ciertamente, unos curiosos meses.

También es el verano la época del año en la que más se suele viajar, con la esperanza de encontrar algún lugar donde poder descansar y divertirse en un ambiente más agradable, aunque esto último puede variar dependiendo del lugar al que se vaya.

Se viaja de dos formas: física y mentalmente. Está el viaje que emprende el cuerpo, recibiendo toda clase de sensaciones nuevas (o no tan nuevas). Y el viaje de la mente, mucho más complejo e interesante, pues se trata del que percibimos más allá de lo puramente palpable. Sensaciones que no pueden describirse como algo físico; estados de la mente que varían desde el grato descubrimiento hasta el miedo a lo desconocido, pasando por el placer de simplemente estar ahí.

El ser humano es tremendamente impulsivo y sensible. Por eso el calor lo altera tanto.

El ser humano es curioso por naturaleza. Por eso viaja.

 

22 / 3 / 2003

¿Qué demonios le pasa al mundo?

Soy humano. Mutante, pero humano al fin y al cabo.

¿Por qué ahora me avergüenzo de serlo?

¿Por qué cada vez me dan más ganas de aferrarme a mis propias fantasías, que a aceptar la realidad que rodea y destruye nuestro mundo?

¿Inmaduro? Quizá. Pero yo no soy el que tiene las bombas. Aunque claro, eso no es ser inmaduro.

Es ser gilipollas.

Cierta canción de Lennon me viene a la mente. Imagino que no existen los paises, ni las religiones. Ni cielo ni infierno. Ni codicia ni hambre. Añado a la lista el dinero y el petróleo.

Sería el maldito paraíso.

Imagine all the people, living life in peace...

Ojalá no existieran los líderes poderosos que se creen los amos del mundo. Ojalá no existieran las multinacionales que arrasan el planeta. Ojalá no existieran las absurdas venganzas que salpican de sangre la historia de las naciones.

¿Crees que esto que digo es absurdo?

You may say I'm a dreamer, but Im not the only one...

Este hombre era un genio.

No me gusta el mundo. Lo aguantaré como pueda.

Pero mi hogar será ya siempre el Vórtice. Aquí todavía vive la esperanza.