CAPÍTULO
2
EL VIAJE AL OESTE
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Los Escultores eran una pandilla
de pijos. |
| * La planta recibió ese peculiar nombre cuando Haxot Bloowir, el granjero que la descubrió un milenio atrás, sufrió un desagradable accidente cuando se disponía a cortar las raíces con su guadaña. |
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Nada de temblor. Toda la montaña
se sacudió de arriba a abajo. Un nuevo día comenzaba
en la ciudad de Ragaris. La luz del sol se deslizaba perezosamente por
las colinas circundantes, alcanzando después a los centinelas de
la muralla del pueblo, profundamente dormidos. Al parecer, nadie les había
avisado de que el viejo Axor había destruido el reloj de la torre
central de Ragaris y, por tanto, las campanas no podían advertirles
del cambio de guardia habitual. |
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Si esto fuera el mundo real,
Rowler ya habría ensartado a su hijo con la espada que en ese
momento sostenía. - Te lo pasaste bien ayer,
¿eh? -preguntó Meda. - De acuerdo -dijo Upsido-,
recapitulemos. Merko. Se llamaba Merko.
Era lo único de lo que estaba seguro. |
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* No hay que olvidar
que la mayoría de los ogas no son especialmente cultos; cualquier
libro más grueso que un lápiz, ya es considerado una rareza. |
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transportaba mercancías
diversas, ocultas bajo grandes mantas, y eran conducidos por un grupo
de ogas nativos de la zona. Parecía gente amable, dispuesta a
prestar su ayuda a cualquiera que la necesitara. - ¡¿Dónde?!
-exclamó Tali. El primer rato libre de Meda
llegaba a su fin y, para variar, no había encontrado el más
mínimo rastro del libro. - ¡¡No te lo
vas a creer!! -exclamaron Meda y Tali al unísono, frente a la
puerta de su hogar. |
| * Juego de mesa bastante popular, consistente en un tablero, un dado, una ficha, una campana, catorce jugadores y cincuenta y siete armas afiladas. Algunas de las reglas originales se han perdido; por ejemplo, nadie sabe para qué narices sirve el dado. |
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Que no quiere decir que él
mirara mucho el libro. Los Escultores habían
iniciado ya la búsqueda de Merko. Desde el templo, los cuatro
despegaron en direcciones distintas: Upsido al este, Galar al sur, Jebuke
al oeste y Folstrab al norte. El sol iluminaba la amarillenta
piel de Merko, al tiempo que la brisa mecía su terriblemente
alborotado cabello castaño. |
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Mostrando una expresión que irradiaba felicidad, Merko descendió de la montaña de cadáveres humeantes. Tras repasar el libro durante
media hora, Meda llegó a tres conclusiones. |
| * Primera regla del profeta: no uses cifras concretas, y hazte el chulo con extrañas multiplicaciones. No acertarás nada, pero venderás más libros. |