CAPÍTULO
3
LA ODISEA
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A continuación, vamos
a echar un vistazo a lo que ocurre a los pies del Templo Escultor y, más
concretamente, en la capital del planeta Palak. Fue fundada en los primeros
días del Alba de la Inteligencia, a raíz de la que probablemente
fuera la primera muestra de inteligencia de los ogas. Aunque claro, apenas
se había iniciado el desarrollo mental de la raza; por ese mismo
motivo, en un alarde de originalidad sin precedentes (literalmente), bautizaron
la ciudad con el nombre de Escultaria. |
| * En ciertos pueblos donde sus habitantes eran mucho más fervientes que en Escultaria, no comprendían cómo un oga podía tener el valor de soltarle a un Escultor algo como "¿Qué pasa contigo, tío?", y despertar con vida al día siguiente. |
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- ¿Y por qué
debería...? La familia Felok estaba en
la puerta oeste de Ragaris. Padre y madre se preparaban para despedirse
de sus dos hijos, portadores de abultadas mochilas, apenas un día
después de que les convenciesen para embarcarse en una... "misión",
o algo parecido. El sol de la mañana iluminaba con fuerza las colinas
de las afueras. Merko despertó sobre
algo blando y apestoso; hubiera jurado que se trataba del cadáver
de un guluro. La Espada Azul podía declararse ya zona catastrófica. Alguien incluso llegó a sugerir que debían rebautizar el local como "La Espada Rota", y de hecho así fue. Muchos años después, en parte por un curioso movimiento artístico y cultural sin precedentes, y en parte por la recuperación económica que tuvo lugar en la zona, la taberna volvió a cambiar de nombre, ya de forma definitiva. Pasó a llamarse "La Espada Rota que Volvió a Ser Forjada". Pero como suelen decir, eso es otra historia. |
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Serlona abandonaba el local
en ese momento, llena de rabia y frustración. Habría que
aclarar primero que en ningún momento tomó parte en la
batalla campal. En otras palabras: su estado emocional era el mismo,
tanto al entrar en la taberna como al salir. Conviene decir ahora que
los ogas viven bastante tiempo. La esperanza de vida en las grandes
ciudades es de 125 años. Que muchos jóvenes lo usen como
excusa para seguir viviendo en casa de sus padres un lustro o dos más,
no deja de ser una vergüenza. Tras recorrer varios kilómetros
a la pata coja y graznando cual urraca histérica, Merko llegó
a un oasis. |
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* Donde por una de esas casualidades de la vida, esta historia ha tenido lugar desde el principio, pero el autor había olvidado especificarlo. Pedazo de inútil. |
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Un minuto después,
los guluros seguían donde estaban. - ¡Tu no te vas a ninguna
parte! - Mira, ahí va otra
vez -dijo Tali señalando el cielo. Cualquiera diría que Merko tenía algo en contra de los guluros. Uno no acaba de comprender el motivo hasta que piensa: "¿qué puede tener alguien en contra de unas repugnantes y apestosas criaturas, tozudas hasta más allá |
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de lo razonable, y que lo
dejan todo perdido de babas pegajosas?". La mayoría de la
gente empieza a verlo entonces un poco más claro. - ¿Os encontráis
bien? -acabó preguntando Folstrab, un minuto después de
que los hermanos Felok decidieran no mover ni las pestañas. Continuaba
sentado en la roca. Con la intención de
perder de vista a cualquier perseguidor, Serlona había abandonado
Escultaria por la puerta oeste, y se disponía a cruzar el Río
Felape para internarse en el bosque. Era un lugar curioso. Durante un
tramo de casi cien kilómetros, el río se dividía
en dos ramales ampliamente separados, entre los cuales crecía
el Bosque Mernal; su espesura lo hacía ideal tanto para una huida,
como para parejas que desearan un poco de intimidad*. |
| * Generalmente mucha. |
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una espada enorme y una gran preparación física. Esas cosas suelen dar ventaja. Si a eso se le añade tener un impresionante cuerpazo lila y un mal genio innato, es fácil imaginar que el viaje de Serlona, fuera a donde fuera, sería cualquier cosa menos aburrido. La luz del atardecer iluminaba
ya la pradera por la que discurría el camino entre Ragaris y
Dema. Un Escultor y dos ogas charlaban animadamente, tomando otra taza
de Tronquito de Eunuco. |