TEMPORADA 1 / EPISODIO 1

DRAMATIS PERSONAE

Dicen que los freaks son personas solitarias.

Y una mierda.

Al menos en mi caso. Pero claro, el mío no está dentro de lo que podríamos denominar como "normal". Es más, no creo que exista nada más diametralmente opuesto al concepto de normalidad que la historia que voy a contaros.

¿Debería reir? ¿Debería llorar? No estoy seguro. ¿Qué debe hacerse cuando uno sabe que es único en el mundo, y que no existe nadie más en la Tierra que...? Pero estoy adelantando demasiado.

En fin, supongo que es mejor descojonarse de risa; puedes parecer un gilipollas, de acuerdo, pero de parecerlo a serlo (encended la tele para ver algunos ejemplos) hay un abismo. Además, la risa es sana, o eso dicen los médicos. Y a mí me gusta tener la mente despejada... es decir, justo al contrario de como estaba hace unos días.

¿Habéis oído hablar del Rayo Verde? Creo que Julio Verne (valga la redundancia) escribió algo sobre el tema... bueno, dicho resumidamente: es un fenómeno que tiene lugar raramente en las puestas de sol. A veces ocurre que, cuando el sol está ya desapareciendo en el horizonte, la luz que se refracta a través de las capas de la atmósfera llega hasta nosotros en forma de brillo verdoso. Es bastante efímero, pero muy bello según los que lo han visto.

Bien, pues ahora olvidad todo eso.

El rayo verde que me cayó a mi era, digamos, diferente. De hecho, ni siquiera sé de dónde vino: caminaba por un callejón en dirección a una librería especializada en comics y me vi rodeado por una luz cegadora (y verde, pero se sobreentiende por todo lo dicho con anterioridad). Por desgracia, no había nadie cerca para atestiguarlo, así que no puedo demostrar que digo la verdad.

Pero el caso es que ocurrió así. Y cuando la luz se fue, desde mi punto de vista habían pasado unos diez segundos, pero mi reloj indicaba el paso de más de una hora.

Lo sé, debéis pensar que estoy loco. Pues aún no habéis visto nada...

En cuanto llegué a casa (malditas las ganas que tenía ya de ir a comprar comics) sentí un dolor de cabeza infrahumano. Casi no podía ver. Me tambaleaba. Me costaba respirar. Estaba solo y nadie podía ayudarme. Y cuando pasó el dolor... ellos estaban ahí.

Presa del pánico y mostrando unos reflejos que yo mismo desconocía tener, fui corriendo a refugiarme a mi habitación. Eran nueve. Les escuché hablar tras la puerta, sin siquiera empezar a comprender lo que estaba ocurriendo.

- Yo diría que le hemos asustado... -dijo una poderosa voz masculina.
-
¡Claro, bestia! ¿Cómo se te ha ocurrido cogerle por el cuello, levantarle, enseñarle las garras y decirle "bienvenido al infierno, bastardo"? -exclamó una hermosa y joven voz femenina.
-
¡"Bastardo" es una palabra muy fea! -añadió la voz de una señora mayor.
-
¡Jajajajajeje! ¡Pues a mi me hace gracia! -dijo una estridente voz de hombre.
-
Es que a ti todo te hace gracia, ricura... -dijo una seductora voz femenina.
-
Calma... ha de haber una explicación lógica que nos diga por qué estamos aquí -sugirió otra voz masculina, tranquila y pausada.
-
¿Explicación? ¿Lógica? ¡Pandilla de nenazas! ¡Dejadme esto a mí! -gritó otra voz masculina... que se dirigía hacia la habitación donde me encontraba yo. ¡BAM, BAM! Dos terribles golpes en la puerta-. ¡Sal de ahí inmediatamente, soldado!
-
¡Eh, calma! Te recuerdo que si intentas hablar con él de esa forma, sólo conseguirás asustarle más -dijo una extraña voz femenina semi-robótica.
-
Creo que será mejor que entre yo. En el fondo, soy la que más le ayuda cuando debe tomar decisiones -sugirió la agradable voz de una chica, más normal que las anteriores.

Oí cómo los demás decían que de acuerdo, que entrara (excepto uno, que dijo que por él se la podía picar un pollo a todos). ¿Pero quién era ella? La puerta se abrió lentamente, y vi un largo bastón metálico acabado en bola... llevado por una joven de pelo moreno vestida con traje de gala de color azul claro que, entre nosotros, le quedaba fabuloso. Su misteriosa mirada me dejó perplejo.

- ¿Quién... quién eres tú? -le pregunté mientras decidía si debía salir huyendo otra vez o... pero ya era demasiado tarde. La joven había cerrado la puerta con llave.
-
Ejem... -tosió ella. Luego apoyó el bastón en el suelo, me miró y habló-. No es lo que parece.
- ¿Qué debería pare...? -de pronto deducí- Ah. Eso.
- Por lo que veo, tú estás tanto o incluso más sorprendido que nosotros por todo esto...

- Define "todo esto".
-
Explicación corta: hemos surgido de tu mente. Explicación larga... será mejor que te sientes.

Decidí hacerle caso sentándome en mi cama, (que dicho sea de paso y aunque se trate de un dato absolutamente irrelevante y carente de peso en esta historia, es enorme; cuando se mide más de 1'90 metros, es lo que hay). Noté cómo me temblaban las piernas y decidí que debía intentar respirar profundamente para relajarme, o aún se me cruzarían los cables y haría alguna cosa de la que pudiera arrepentirme. La chica se apoyó en la silla que había delante de mi ordenador.

- Al parecer -comenzó ella-, alguna extraña circunstancia en las últimas horas, ha provocado que tu cerebro se... libere. Literalmente.
- ¿Ein?

Bueno, no es una pregunta muy inteligente. Pero en aquella situación, no se me podían pedir milagros.

- Verás... resulta que tus seres mentales hemos cobrado vida.
- ¿Te refieres a que sóis mis otros yo? ¿O a que sóis producto de mi imaginación? Porque ahora no me viene a la memoria que haya pensado nunca en vosotros...
-
No, no, nada de eso. Además, tu imaginación y tu memoria están ahí fuera -señaló hacia la puerta por donde había entrado.
- Vale. Se acabó. Me rindo. ¡¿Quién coño eres tú?! -pregunté casi desesperado.
-
Tranquilo, tranquilo... -me miró fijamente y apoyándose en su bastón- Yo soy lo que podríamos llamar... tu Conciencia. Sí, ese es mi nombre. Y estoy segura de que te gustaría saber quiénes son los demás.
- Eso por descontado. En cuanto mis padres vuelvan esta noche y encuentren a nueve desconocidos en casa, casi seguro que querrán alguna explicación. Pero de buen rollo, vamos...

- Por eso no te preocupes, sólo puedes vernos tú y aquellas personas que queremos que nos vean.
- Lo dices como si eso pudiera tranquilizarme...
-
¿Quieres salir y conocerles o no?
- Está bien, ya voy...

Con todos los sentidos alerta (y una generosa dosis de buena voluntad), me levanté de la cama y caminé con Conciencia hacia la puerta. Al abrirla, vi a los otros ocho personajes en el salón de mi casa; me miraban fijamente, como si esperasen un discurso o algo parecido. Realmente era una visión casi surrealista ver a tanta gente y tan... visualmente extraña (es por no decir "rara de cojones") en un salón que, normalmente, sólo acogía a tres o cuatro personas. Afortunadamente había espacio suficiente para todos.

- ¡Por fin asoma la cabeza! -rugió el hombre de la voz poderosa. Aunque la palabra "hombre" quizá no era la más adecuada para describirlo, ya que parecía un cruce entre Lobezno y Son Goku en el 4º estado de Saiyajin. Su mirada era fría y calculadora, tenía el torso desnudo y cubierto de pelo, y sus manos terminaban en largas y afiladas garras. Llevaba pantalones tejanos agujereados por las rodillas. - Ahora vas a tener que responder a unas cuantas preguntas...
-
Eh, no te pases con él. Está claro que no tiene ni idea de lo que ha ocurrido -dijo el hombre de la voz tranquila. Era pelirrojo, vestía ropa de deporte y llevaba una bufanda. Hasta que no pasaron unos segundos, no me di cuenta de qué era lo que me parecía extraño de ese hombre: cuando hablaba, no se le movían los labios- ¿Te encuentras bien, Dani?

"Por fin uno que dice mi nombre", pensé. Luego les hablé a todos:

- La chica... er... Conciencia ha intentado explicarme de qué va ésto... pero aún no lo tengo muy claro. ¿Quiénes sóis vosotros?
-
Ven, te los presentaré uno por uno -me dijo Conciencia y se dirigió hacia ellos. Se paró frente al hombre de la voz tranquila-. Te presento a tu Sentido Común.

No pude evitar pensar por un instante: "¿Pero yo tengo de eso?".

- Encantado de conocerte en persona -me dijo.
- Er... yo también estoy encantado... supongo...

Conciencia señaló a la chica que estaba al lado de Sentido Común, la cual parecía sacada de un cuento de hadas: tenía el cabello (corto) y la piel pintados a rayas con los colores del arcoiris, enormes alas doradas de halcón y un sencillo vestido blanco. Su cara era la de una niña buena que nunca ha roto un plato, aunque físicamente aparentaba unos quince o dieciséis años.

- Esta es Imaginación, tu fuente de inspiración a la hora de escribir relatos y componer música.
-
Hola Dani, tenía muchas ganas de conocerte -dijo ella.
- Hola Imaginación... hum... un nombre bonito, pero demasiado largo.
-
Puedes llamarme Ima. Me gusta más... -sonrió.
- De acuerdo, Ima...
-
Podrías presentar antes a la gente mayor, ¿no? Estos jóvenes... -interrumpió una anciana de pelo gris, piel ligeramente arrugada y más de sesenta primaveras, visiblemente molesta. Llevaba gafas de oro y un libro bajo el brazo, el cual tapaba el título.
-
Lo siento, señora... Dani, te presento a Decencia.
- ¿Desde cuando tengo yo eso? Je, je, je...

Esta vez dije lo que antes sólo había pensado. Sin embargo, a juzgar por la mirada asesina que me lanzó Decencia, creo que no le sentó bien mi comentario.

- Perdón, perdón... -me disculpé.
-
¡Eso ha tenido gracia! ¡Jajajajajejejiji...! -exclamó entre forzadísimas risas un hombre con camisa de fuerza (desabrochada) y una sonrisa mayor que la del Joker (algo así como infinita). Su pelo era largo, marrón y absolutamente alborotado, como si se hubiera peinado con un erizo electrocutado, y sus ojos eran la máxima expresión de la locura. Al verlo al lado del televisor empecé a pensar que corría peligro. La tele, se entiende.
-
Ejem... ese es Humor -Conciencia se me acercó y me dijo algo a la oreja-. Síguele la corriente, está bastante desequilibrado. Asegura haber recibido clases de grandes maestros ingleses: Monty Phyton, Benny Hill, Rowan Atkinson... pero personalmente, creo que le falta algún cromosoma o algo así...
- Gracias por el aviso... -dije mientras temblaba de miedo, al ver que Humor pasaba caminando al lado de las ventanas y de la cristalería de mis padres.
-
¡A los militares tampoco se les hace esperar! -gritó el hombre que antes había golpeado la puerta. Su musculatura era excepcional, vestía un curioso uniforme militar (mitad camuflaje, mitad armadura de marine espacial. Imaginad una cafetera con pantalones y ya lo tendréis), fumaba un enorme y maloliente puro, y llevaba en su espalda una impresionante arma, que no parecía ni terrestre.
-
Vaaale... Dani, este es tu Valor.
- Encantado.
-
¡Soldado Muñoz! ¡Comienza y termina las frases con la palabra "señor"!
- Er... ¡Señor, encantado, señor!
-
Eso está mejor...

"Otro al que también le falta una docena de tornillos... o un cromosoma" pensé.

- Disculpa, pero yo también estoy empezando a cansarme de esperar -dijo el hombre de la voz poderosa mientras mostraba sus garras con disimulo-. Créeme, no te gustaría verme enfadado.
-
Glups... -Conciencia tragó saliva- No... no sabría cómo definirle a él, pues es una combinación de tus prontos, tu impaciencia, tu irresponsabilidad y tu chulería.
-
Llámame Lado Oscuro, nena...
-
Er... pues eso.
-
Tío, me pones a cien... -le dijo una rubia preciosa con traje de cuero a Lado Oscuro, la cual era sin duda la más atractiva y sensual del grupo. En un costado llevaba un reproductor de mp3 y sus respectivos cascos.
-
Je, je... puedo ponerte a 100, a 200, a 1000 y a lo que haga falta, muñeca...
- A ver si lo adivino -interrumpí-. Tú eres Libido, ¿no?
-
Qué listo, Dani... y no sabes lo que me gustan los hombres inteligentes... -me dijo lanzándome una mirada que habría podido derretir toda la Antártida.
- Eh... esto...

Caí en la cuenta de algo muy extraño. ¿Mi libido era una mujer? ¿Y le iban los tíos? ¿Siendo yo un heterosexual convencido? Intenté no darle vueltas a eso, asumiendo que quizá era una chica por el simple hecho de ser LA libido. De la misma forma que ahí también estaba EL sentido común, EL valor y LA imaginación. Joder, suerte que no he tenido que escribir esto en inglés...

- ¿Y tú quién eres? -dije mirando hacia la única persona cuyo nombre aún no conocía.
-
Soy Memoria, tu banco de datos personal. Cualquier cosa que hayas vivido tú, está dentro de mi cerebro y puedo acceder a ella si así lo deseas -dijo esa mujer cuya voz parecía distorsionada por un ordenador. Su cabeza, cubierta de pelo naranja, se alargaba hacia atrás unos cuarenta centímetros (muy en plan Alien). Vestía un extrañísimo vestido aparentemente formado por unos y ceros.
- Bueno, pues hola a tí también, Memoria...

Silencio. Un silencio sepulcral. Ahora todos nos conocíamos, y sabíamos (más o menos) lo que había ocurrido. Todos me miraban, esperando que dijera algo...

- Errr... ¿alguien quiere echar una partida de Fanhunter?

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