TEMPORADA 1 / EPISODIO 10
CONCIERTO DE PIANO Nº 1
Fue una larga charla. En primer lugar decididmos que algo extraño se había apoderado del cuerpo de Sentido Común (algo bastante obvio), el cual ya había terminado de centrifugarse (la bufanda, no el cuerpo) y se había unido a la conversación. Luego, Memoria dijo que se había desmayado y que al despertar se hallaba en mitad del pasillo del hotel, junto al cuerpo de Sentido Común.
Pero desde luego, el tema más candente de la conversación fue el misterioso mensaje que había salido del teléfono. ¿Quién demonios podía ser la persona al otro lado? Sentido Común nos confirmó que aquella era la misma voz que provenía de su cuerpo, el cual no volvió a dar señales de vida en toda la tarde. Aquella voz parecía preocupada, pero al mismo tiempo tenía un aire de firmeza y liderazgo que nos sorprendió a todos. Nos estaba advirtiendo que no utilizáramos "algo", pero no sabíamos el qué. A Conciencia se le ocurrió que quizá nosotros no éramos quienes debíamos recibir ese mensaje, lo cual en principio no era ni bueno ni malo. Pero desde luego, tenía mucho más sentido.
Aproveché para preguntar también qué le ocurría a Libido, porque aquello parecía algo más grave que una simple gripe, pero nadie supo decir con certeza qué podía ser. Al menos logré convencerles de que la viera un médico.
Volvieron a pasar unos cuantos días, y ya estábamos a mediados de diciembre. Eran aproximadamente las cinco de la tarde, y aproveché la calma que reinaba en mi casa en ese momento (nuevamente me encontraba solo) para practicar un rato con el piano. No es que sea un gran pianista, pero creo que se me da mínimamente bien y tomo clases tanto de piano como de solfeo. En ese momento estaba improvisando temas de estilo romántico y moderno, pero a los pocos minutos me puse a tocar una melodía que llevaba tiempo componiendo: un concierto de piano. No acababa de encontrar un título sugerente (pensé en cosas como "Soledad", "Locura" o "Paranoia"), pero al cabo de un tiempo decidí llamar a la pieza "Sueños y Pesadillas".
El caso es que mientras tocaba tranquilamente, un sonido vino desde la ventana. Me giré y vi a Imaginación flotando en la calle, mirándome y sonriendo. Rápidamente me levanté a abrir la ventana para que pudiera entrar.
- Hola Ima -le dije-. ¿Qué haces aquí?
- Bueno... -empezó a decir sin dejar de sonreir, pero advertí entonces que era
la clase de sonrisa que pone alguien cuando tiene que dar una mala noticia y
no sabe por dónde empezar- Creo que será mejor que te asomes un momento a la ventana.
Lo hice, y mirando hacia la derecha vi que se aproximaban Lado Oscuro, Conciencia y Libido, ésta última en brazos de Lado Oscuro.
- ¿A dónde van esos? -pregunté extrañado.
- Ha sido idea de Lado
Oscuro. Se ha empeñado en que Libido y él se queden aquí.
- ¿Por qué?
- Dice que Libido estará
mejor en tu casa.
- No veo por qué... ¿y Conciencia?
- Para vigilar a Lado
Oscuro, que no se desmelene demasiado.
- Ah...
Tras sonar el timbre de la puerta les abrí, y subieron hasta el entresuelo, que es donde vivo. Conciencia me saludó al entrar y me dio su bastón para que lo guardara (no sabía que tuviera tanta cara de botones), y Lado Oscuro, con Libido en brazos, gruñó:
- Aparta
alelao...
- ¿Qué le pasa a Libido? ¿No ha mejorado?
- ¡Que apartes, joder!
Tras darme un buen empujón la llevó con paso decidido a mi habitación, y la estiró con sumo cuidado en la cama; Libido respiraba entrecortadamente, sudaba y tenía muy mala cara.
- Ungh... -se quejó.
- ¿Pero no habéis llamado a un médico, tal como acordamos? -le pregunté a los
demás.
- Y lo hicimos -contestó Conciencia-. De hecho llamamos a tres, pero todos huyeron despavoridos nada más entrar.
- ¿Y eso?
- Humor les esperaba en la puerta.
- Buf... no hay nada más que explicar, entonces -dije. Luego miré a Libido-.
¿Qué será lo que le pasa?
- Ya nos gustaría saberlo -contestó Imaginación-. La pobre empieza a darme lástima...
- Lo que está claro es que no es gripe
-añadió Lado Oscuro-. Vamos... no creo que la gripe produzca ese efecto en
las personas...
- ¿Qué efecto? -pregunté.
Lado Oscuro suspiró resignado.
- Ocurrió ayer por la
noche -empezó a explicar-.
Estaba sentado al lado suyo, como siempre, vigilándola. De golpe y porrazo se
incorporó, empezó a moverse como si la estuvieran electrocutando, y al cabo
de unos segundos se detuvo. Entonces habló con una voz diferente a la suya,
algo más aguda.
- ¿Y qué es lo que dijo?
- Pues... hablaba tan rápido que no la
entendía muy bien, pero entendí palabras sueltas: "arreglar, arreglar,
es trabajo mío, averías, un destornillador ya" y pocas cosas más.
- ¿No le giraba la cabeza y vomitaba pegotes verdes? Ya puestos... -comenté-.
En fin... Lado Oscuro, puedes quedarte aquí con Libido un rato, pero será mejor
que no os acomodéis demasiado.
- ¡De eso ni hablar! -gritó Lado Oscuro- Libido no se puede quedar en el hotel, corre demasiado peligro con tanto
bicho raro...
"¿Este tío se ha mirado en el espejo?", pensé.
- Dani,
de momento dejémoslos aquí -dijo
Conciencia-. A ver si a
nosotros se nos ocurre algo antes de que vuelvan tus padres -añadió refiriéndose a Ima, a ella misma y a mí.
- Será mejor que ponga el
cerebro a trabajar -dijo Imaginación.
- ¿Estás de acuerdo Lado Oscuro? -le pregunté.
- Claro -respondió-. Precisamente
iba a pediros amablemente que os largárais de la habitación... -sacó con disimulo sus garras y repiqueteó con las
uñas sobre la madera de la cama.
- Mensaje captado.
- Uunngh... -añadió Libido.
Conciencia, Ima y yo fuimos al salón comedor, nos sentamos en los sofás (frente al televisor, que estaba apagado), y empezamos a meditar una posible solución a aquel asunto, pero por más que pensábamos no lográbamos encontrar una salida. Hasta Imaginación estaba falta de ideas, seguramente porque el día anterior se había dedicado a llenar toda una pared de la habitación del hotel con dibujos abstractos, y se le había agotado la inspiración de golpe.
- Chicas -les dije mientras me levantaba-, voy
a tocar un rato el piano; a ver si con un poco música se os
ocurre algo a vosotras.
- Vale
-asintió Ima-. Además,
aún no te hemos visto tocar.
- No sabéis la suerte que habéis tenido -repliqué.
- Venga ya, no será para
tanto... -dijo Conciencia.
- Bueno -dije mientras me sentaba frente al piano-, pero que
conste que os lo he advertido.
Lo encendí, pues se trata de un piano eléctrico (no confundir con un órgano ecléctrico). Empecé a tocar de nuevo, desde el principio, mi concierto de piano. Conciencia e Ima escuchaban atentas, y por un momento me pareció que hasta les gustaba.
- No está nada
mal, en serio -comentó Conciencia.
- Gracias -le dije entre nota y nota.
De repente, cuando ya llevaba dos minutos del concierto, la puerta del pasillo se abrió de golpe. Esperábamos ver a Lado Oscuro enfurecido, como de costumbre, pero la que estaba en la puerta con una sonrisa enloquecida, chorreando de sudor, tambaleándose y con una especie de brillo fantasmagórico en los ojos, era Libido. Paré la música en seco.
- ¿Tú? ¿No se supone que estabas hecha un vegetal? -le pregunté.
Ella me miró fijamente, avanzó un par de pasos y me habló:
- Sal de
ese piano... ¡ahora mismo! -dijo con una
voz distinta a la habitual, más aguda y alegre, lo cual era
curioso teniendo en cuenta que me estaba ordenando que me
levantara.
- Er... vale, vale... -asentí levantándome lentamente, pues sospechaba que si
no la obedecía, iba a recibir de lo lindo.
Se sentó como un rayo frente al piano, y al instante empezó a tocar una música parecida a la que yo estaba interpretando hace un momento, pero a una velocidad endiablada y con unos acordes complicadísimos. Era como si estuviera tocando mi propio concierto de piano, pero tal como debería ser realmente.
- ¡Joooder! -exclamé.
- Pe... pero... ¿pero
cómo es posible? -dijo Conciencia, que no
salía de su asombro.
- ¿Desde cuándo Libido
toca el piano... y además tan bien?
-preguntó Ima.
- ¡Esa no es Libido! -gritó Lado Oscuro desde el pasillo.
Ahí estaba, sangrando por la cabeza y el brazo izquierdo, y con la mano derecha en el estómago.
- ¡Si, si, si! ¡Ésto ya
empieza a gustarme! ¡Más rápido! -gritaba la pianista, ajena a cualquier cosa que ocurriera a su alrededor.
- ¿Qué dices? -le pregunté a Lado Oscuro, al tiempo que
repentinamente, la música se volvía el doble de rápida y
complicada-. Si no es Libido... ¿quién coño es?
- ¡No lo sé, pero ha saltado de la cama
y al intentar detenerla me ha golpeado!
- Er... disculpad chicos... -dijo Conciencia, que no le quitaba el ojo a Libido y
estaba alucinando.
- ¿Qué pasa? -pregunté.
- Decidme si lo que veo es
un efecto ópico, o está pasando realmente...
- ¡¡IIIIIIIH!! -chilló Imaginación.
La razón por la que Libido acababa de doblar el ritmo de la música, era bien sencilla.
Tenía dos brazos más.
PRÓXIMO EPISODIO
Alaridos en la Noche