TEMPORADA 1 / EPISODIO 5

PERRO LADRADOR, POCO MORDEDOR

Amigos (esto es sólo es una formalidad, que nadie me persiga ahora para abrazarme. A menos que sea alguna de vosotras), en este episodio me dispongo a hablaros de esa extraña faceta del ser humano que nos impulsa a comportarnos como auténticos energúmenos, eliminando todo rastro de buena conducta y cualquier indicio de querer ser un ciudadano amable y respetuoso.

Voy a hablaros de Lado Oscuro.

- Hola, capullo -dijo nada más entrar por la puerta-. Hace un buen día, ¿verdad?

Consideremos estas siete palabras como el saludo más educado que podría permitirse alguien como él. Sigamos.

- Ima no ha querido darme detalles, pero parece que anoche montasteis una buena -le contesté. Me gusta ir al grano.
- Los demás no sé. Yo desde luego monté "una buena" -respondió con chulería en cuanto Libido pasó junto a nosotros.

Semejante despliegue de humor machista no debería tener cabida aquí, lo sé. Pero al menos no lo dije yo.

- Chicos, no es un buen momento para visitarme -les advertí a todos en voz baja en cuanto fueron entrando-. Mi hermano está aquí.
- Ah, pues podemos ir a dar una vuelta -sugirió Imaginación-. Si os parece bien, claro.
- Por mí vale. Mientras no asusteis a nadie... -contesté mirando directamente a Humor que, al parecer, no se dio por aludido.

Todo el mundo estuvo de acuerdo. Incluso Decencia, a pesar de no poder reprimir algún que otro murmullo de desaprobación. Tras darle una excusa rápida a mi hermano para justificar que me iba (ya que no es muy normal que salga de casa a esa hora y podría sospechar), los diez salimos a la calle. Memoria se me acercó.

- Creo que debería informarte de lo que pasó anoche -me dijo.
- Ah si, Imaginación me ha dado un avance. ¿Tan terrible fue?
- No sé qué te habrá dicho ella, pero seguro que fue peor. A fin de cuentas, Ima huyó de la casa a tiempo para no ver... -Memoria se estremeció-. Dios, espero que no todas las noches sean iguales.

Conciencia me puso al corriente. Nos dirigíamos a un parque cercano a mi casa donde casi nunca había gente. Más que nada para que nadie se extrañara de que yo me pusiera a hablar con el aire.

- Lado Oscuro, quiero hablar contigo -le dije mientras caminábamos, tras hablar con Conciencia.
- Uno quiere tantas cosas... -respondió mirando hacia arriba.
- Ahora -remarqué.

Creo que a Lado Oscuro le sorprendió mi tono de voz. Nos distanciamos un poco de los demás.

- A ver, dime. Y que sea rápido, mi nena me espera... -se giró para guiñar un ojo a Libido.
- Ese es precisamente algo que quiero hablar contigo. ¿Tu nena? -pregunté desconcertado- Lado Oscuro... dejando de lado el hecho de que técnicamente nacísteis ayer, se supone que ambos habéis salido de mi cabeza. No sé, normalmente no tengo muchos prejuicios sobre estas cosas, pero... no me negarás que esta situación no tiene nada de normal.
- ¡Ah! Has dado en el clavo, colega -respondió él en un tono curiosamente amigable, inaudito en él-. No tiene nada de normal, tú mismo lo has dicho. Por eso es tan genial.
- ¿Qué quieres decir?
- Que es como tomar la fruta prohibida. Sólo que quienes se la comen son un grupo de gente que no debería estar en este mundo. Así que, si nuestra mera existencia va contra las leyes de la naturaleza... ¿qué importa si las traspasamos un poco más?

Estaba alucinando. Lado Oscuro era el filósofo más macarra de la historia.

- Está bien, creo que puedo entender eso -contesté finalmente-. Lo que me da miedo es que las "traspases" demasiado.
- Ah, ya. Te refieres a mi nombre.
- Exacto. Joder, "Lado Oscuro" no es un nombre que me inspire mucha confianza. Es como si hubieras decidido ser mi enemigo.
- Je. Si fuera así, ¿crees que estaría hablando contigo ahora?

Medité unos segundos antes de contestar.

- "Conoce a tu enemigo" -respondí-. Eso dicen, ¿no?
- Touchè. Pero no es mi caso, te lo aseguro. He elegido este nombre sólo porque, al parecer, me he quedado con la parte más gamberra y follonera de tu ser. Pero no, no tengo ninguna intención de hacerte daño a ti ni a nadie del grupo.
- ¿Puedo fiarme de ti, entonces?
- Bueno... -Lado Oscuro se paró a pesar un instante- El día menos pensado le estamparé la cabeza a Humor contra una pared, de eso estoy convencido. Pero aparte de eso... sí, puedes fiarte de mí.

No le dije que, si Humor conseguía agotar mi paciencia, probablemente me gustaría estar en primera línea cuando fuera agredido. Caray, es cierto que tengo una faceta pelín sádica...

- Por cierto, ya que has mencionado antes a Libido... -continuó.
- ¿Sí? ¿Qué ocurre?

Lado Oscuro se giró de nuevo para mirar a Libido, pero esta vez asegurándose de que no le podía oir.

- Entre nosotros -continuó hablándome, aunque en un tono de voz más bajo. Parecía preocupado-, creo que Libido oculta algo.
- ¿Ella? ¿A qué te refieres? -estaba desconcertado.
- Verás... anoche, mientras estábamos... "ya sabes" -Lado Oscuro hizo un gesto de comillas en el aire-, ocurrió algo bastante extraño. Yo tenía mis manos sobre su cintura y... bueno, ya tenemos claro que no somos normales, pero...
- ¿A dónde quieres llegar?
- Noté algo bajo su piel. Algo que se movía. No me estoy quedando contigo, Dani, te lo aseguro.
- ¿Se... movía? -traté de asimilar sus palabras- ¿En plan Alien?
- Esperemos que no. El caso es que sólo duró unos segundos y luego desapareció. Parece que ella misma no se dio cuenta.

Me giré disimuladamente para mirar a Libido. Estaba escuchando Rockbitch con su mp3 (posiblemente el tema Lucifer, uno de sus favoritos), mientras intentaba alejar a Humor a codazos (parece que incluso ella tenía ciertos límites en cuanto a los hombres).

- Yo no veo que le pase nada -acabé diciendo.
- Sí, bueno, ojalá dure así...

Bueno, así que después de todo, Lado Oscuro era un perro ladrador, pero poco mordedor. Me quedé más tranquilo.

- Ahí nos quedamos, gente -anuncié al grupo en cuanto llegamos al parque.

A esa hora, por fortuna, estaba desierto. Había columpios vacíos y varios bancos de madera. Decencia no perdió el tiempo y se sentó en uno de ellos. De los bancos, se sobreentiende. Humor, en cambio, sí que fue directo a los columpios, aunque se subió a uno de pie moviéndolo adelante y atrás al grito de "¡Por ahí resoplaaaaa!". En fin, al menos no se había alejado mucho de nosotros. No me gustaba la idea de que ese perturbado fuera asustando a la gente por ahí.

- Bueno -comencé a decir al grupo-. Sin rodeos: tenéis que tomaros esto un poco más en serio. No me gusta lo que hicisteis anoche.
- Dani, ¿qué más da? -intervino Libido- ¿No somos invisibles? ¡Pues a disfrutar!
- Sí Libido, sois invisibles... ¡pero armais mucho escándalo! -exclamé, algo molesto-. El día menos pensado os van a pillar y entonces no habrá invisibilidad que valga.
- ¡Siii! ¡Llamadme Ismaeeeeel! ¡Yiii-haaaa! -gritó Humor desde su columpio.
- ¿Insinuas que yo no soy capaz de defender al grupo? -me preguntó Valor ignorando a Humor, con un tono de voz a medio camino entre la amenaza y la indignación. Además, parecía tener ganas de sacar su monstruosa arma.
- Er... no, no dudo de tu capacidad para protegernos, Valor -contesté rápidamente-. Sólo espero que entendáis que tengo miedo de que os ocurra algo malo. A fin de cuentas, habéis salido de mi cabeza...
- ¿Tienes miedo? Esa es la excusa que utilizan los cobardes cuando creen ser sensatos -afirmó Valor, repentinamente inspirado-. Pero tienes razón, aquí hace falta disciplina. Y dado que técnicamente eres nuestro comandante en jefe, seguiremos tus órdenes.

"¿Comandante en jefe? ¿Y por qué me llama 'Soldado Muñoz'? ¿Este tío de qué va?" Pensé.

- Eso es cierto -intervino Sentido Común, nuevamente sin abrir los labios. Aquello empezaba a mosquearme-. No hemos hablado de quién debería ser nuestro líder, porque... bueno, está claro que deberías ser tú, Dani. De todos modos, y aunque estoy de acuerdo con tu razonamiento, poco puedo hacer yo solo...
- ¡Cuidado! -gritó Humor.

Se había desprendido su columpio y había saltado en dirección a nosotros. Lo que ocurrió a continuación fue, a falta de una palabra mejor, indescriptible (sí, literalmente no hay una palabra mejor). En una décima de segundo, la bufanda de Sentido Común saltó de su cuerpo y atrapó el asiento de plástico en el aire, se enrolló a su alrededor y la desvió directamente al suelo, evitando en el último instante que impactara contra la cabeza de Conciencia.

Nadie se atrevió a decir nada. Bueno, nadie menos él:

- ¡Pedazo de engendro del demonio! -le gritó Valor a Humor, extremadamente furioso- ¡Has estado a punto de cargarte a un miembro del equipo! ¡Ven aquí ahora mismo!
- Huy Conciencia, casi te dejo sin cabeza... ¡jajajajaja! -se descojonó Humor.

Valor intentó atraparlo a la carrera, pero Humor era más rápido de lo que parecía. De todos modos, al resto del grupo no nos interesaba aquella persecución, precisamente.

- Conciencia, ¿te encuentras bien? -le pregunté.
- Er... si. Sí, tranquilo -parecía muy desconcertada-. Pero... ¿y Sentido Común?
- Estoy aquí -contestó él. La bufanda había vuelto a su cuello. Y por si alguien lo ha pensado: sí, seguía sin mover los labios ni un maldito milímetro-. Tienes suerte de que haya sido rápido. No me deis más estos sustos, ¿vale?

Di una vuelta sobre mi mismo y miré fijamente a los ojos a cada uno.

- Vale chicos -dije con seriedad-. Aquí cada uno tiene sus secretos, eso está claro. No me voy a meter en vuestra vida privada, pero si hay algo que nos pueda poner en peligro, necesito saberlo.
- Bueno, hay algo que quizá debería contaros -dijo Sentido Común-. Cosa que creo que ahora es obvia. De todos modos, prefiero hacerlo en otro momento, cuando estemos todos juntos. Ah, y estad tranquilos, no es algo peligroso.
- De acuerdo. Quedaremos en un par de días en mi casa, y espero que para entonces, por la cuenta que os trae, ya os hayais calmado todos un poco -decidí finalmente-. Ahora debo irme, en casa ya deben estar pensando cosas raras...
- Eh, ¿y qué va a ocurrir con ese par de jovenzuelos alocados? -preguntó Decencia mirando hacia Valor, que aún estaba intentando atrapar a Humor y ya pensaba en utilizar munición pesada para lograrlo.

Me quedé unos segundos meditando la respuesta y finalmente dije:

- "Francamente querida, me importa un pimiento".

Me llevé un buen golpe cuando Decencia me lanzó el libro a la cabeza, por supuesto. Pero... ¿y lo a gusto que me quedé?

PRÓXIMO EPISODIO
Pandilla de Degenerados