TEMPORADA 1 / EPISODIO 6
PANDILLA DE DEGENERADOS
Los cálculos nunca han sido mi fuerte.
Quizá por eso, cuando dos días después los Freakers se presentaron en mi casa, creí que mis padres estarían fuera el tiempo suficiente como para poder charlar tranquilamente. Pero entre que unos llegaron tarde (los Freakers) y otros volvieron muy pronto, se produjo una situación, digamos, bastante incómoda.
No, afortunadamente no se descubrió el pastel. Lo que ocurre es que a los treinta segundos de llegar mis "criaturas interiores", mis padres se presentaron en la puerta de la casa.
Nunca en mi vida he reaccionado de forma tan rápida. Corriendo como si estuviera poseido por el espíritu de Flash (puestos a elegir, Barry Allen), conseguí meter a los nueve freakers, a base de gritos y empujones, en la habitación de los invitados. Inmediatamente después cerré con llave y fui a recibir a mi familia, intentando parecer lo más tranquilo posible. Marcos, mi hermano, también volvía a casa en aquel momento (éramos pocos y parió la abuela) y llevaba un CD de música bajo el brazo; no pude leer el título, pero seguro que era algo relacionado con algún musical, que es lo suyo. Mis padres, por su parte, iban cargados con bolsas de El Corte Inglés, y fueron directamente a la cocina para dejarlas sobre la mesa, no sin antes saludarme.
- ¿Alguna llamada, Dani? -preguntó mi padre.
- No-nada-ninguna-nein-zero-nothing-negativo -respondí hablando tan rápido que
era como si pronunciara las sílabas a pares.
- ¿Qué qué? -preguntó mi madre extrañada.
- Er... que no. Que no ha llamado nadie...
Me di cuenta de que mis intentos por parecer tranquilo no estaban teniendo mucho éxito. Mientras mis padres seguían descargando la compra, yo aproveché para ir corriendo otra vez hasta la habitación de los invitados, la cual no es muy grande y además la ocupa casi completamente una cama y un gran armario negro, así que no era raro pensar que los freakers empezaban a tener problemas de espacio y de aire. En mi camino vi a mi hermano entrar en mi habitación (pues es allí donde tenemos el ordenador), supongo que para leer el correo electrónico y escuchar el CD. Finalmente llegué a mi destino y abrí la puerta... para ser recibido por un musculoso brazo que me agarró por el cuello y me llevó dentro. Era Valor.
- ¡¿Qué crees que estás
haciendo?! -gritó- ¡¿Acaso
eres un soldado enemigo que quiere asfixiarnos a todos aquí dentro?! ¡¿Quieres
que te diga lo que hago yo con los enemigos?!
- Gggjjj... jjjlll gggrrrhhh... -fue lo único que fui capaz de
decir medio asfixiado.
- ¡Eh, suéltale, so paranoico!
-gritó Libido-. ¿A tí se te habría ocurrido una idea mejor? Puede que
seas un tío cachas y que estés para mojar pan, pero creo que estabas ausente
durante el reparto de cerebros...
Valor me soltó y caí al suelo de espaldas; dolío mucho, pero por fin pude respirar. Luego, miró fijamente a Libido y le dijo caminando hacia ella:
- Si no
fuera porque eres una dama, juro que te...
- Ni un paso más, forastero...
-dijo Lado Oscuro tras poner uno de sus peludos brazos frente a Valor y sacar
sus afiladas garras-. Tócala y
jugaré al tres en raya en tus pectorales.
Valor miró furioso a Lado Oscuro. Realmente no tenía ganas de ser destripado por Lado Oscuro; una cosa es ser valiente y otra es ser gilipuertas. Se retiró unos metros sin dejar de mirarle y se recostó en el armario. Entonces Libido se abrazó a Lado Oscuro y lo besuqueó por todas partes (bueno, por todas no).
- Ya sabía yo que mi oso pardo no iba a decepcionarme... -dijo ella.
Él la respondió con unos gruñidos de satisfacción. En ese momento me levanté del suelo y vi a Decencia sentada en la cama con cara de mala uva.
- ¿Se encuentra bien, señora? -le pregunté
intentando ser amable- ¿Le duele algo por lo que nos ha hecho
antes Lado Oscuro?
- Afortunadamente no,
gracias joven... -contestó Decencia.
- ¿Entonces por qué pone esa cara de enfado?
- Por ellos... -dijo frunciendo el ceño y mirando a Libido y Lado Oscuro, que seguían
abrazados y no paraban de besarse y acariciarse-. Nunca había visto un ejemplo tan claro de las Tres Des...
- ¿Ein? ¿Tres Des?
- Descaro, desvergüenza
y desenfreno... -se levantó y
gritó- ¡En esta casa vive
una pandilla de degenerados!
- Pues vaya un
descubrimiento, abuela... -le replicó
Libido, que seguía abrazada a su "oso pardo".
- Je, je, je, je... -rió Humor- Éso
que habéis dicho me recuerda el chiste del nauf...
Valor incrustó su arma bajo las narices de Humor, y no tuvo que añadir nada más para que se callara. Asomé mi cabeza un momento fuera de la habitación, para comprobar que no hubiera moros en la costa. Todo en calma.
Ima, que estaba sentada sobre el armario, le dijo a Libido:
- No puedo comprender
cómo puede gustarte Lado Oscuro...
- Claro que no puedes, cariño
-le respondió-. Aún eres muy niña
para entender según qué cosas...
- ¡Eh! ¡No soy ninguna niña!
¡Te sorprenderías de lo que pienso a veces! -gritó
enfadada.
Todos nos quedamos mirándola. Imaginación se puso más roja que un tomate, y sus alas también.
- Hey... ¿qué has querido
decir con eso? -preguntó Libido en tono picarón.
- ¡Jovencita! -exclamó Decencia irritada,
mirando a Ima- ¡Yo a tu edad ni me atrevía
a mirar a los hombres! ¡Qué juventud!
- No... no quería decir... -murmuró
Ima, con la cabeza gacha y totalmente colorada.
- Eh, vamos, dejadla en paz -intervine-. Ni que fuera algo tan raro...
Ahora yo era el centro de las miradas. Pero esta vez nadie dijo nada. Tan sólo hubo una mirada cómplice entre Libido y Lado Oscuro, que para mi fue un signo de que debería haber mantenido mi boca cerrada.
- Ejem... cambiando de tema -dije tras carraspear, intentando
parecer lo más natural posible-. Por lo que oigo, creo que mis padres
se han sentado a descansar viendo la tele en el sofá del salón. Por lo tanto,
nadie os verá si os colais en la cocina discretamente. Desde ahí podríais llegar
hasta la puerta de la calle.
- Dani, detesto tener que decir lo evidente,
pero... ¿despúes de vivir toda tu vida aquí, no recuerdas que para llegar desde
esta habitación a la cocina, hay que atravesar el mismo salón donde están
tus padres? -preguntó Memoria, de pie-. Ya sé que somos invisibles para ellos, pero cualquier
ruido que hagamos podría delatarnos.
- Eso es cierto... pero no vais a pasar por el salón, sino por el patio -respondí
señalando la ventana de la habitación-, que comunica directamente con la cocina.
- Pues vale... -dijo Conciencia, apoyada en su bastón- Pero cuando volvamos, ¿cómo entraremos de nuevo sin llamar
la atención?
- No sé por qué le dais tantas vueltas
-dijo Sentido Común, que estaba tumbado en la cama boca arriba y con la mirada
perdida en el techo. El tío seguía no movía los labios ni que lo mataran-.
Simplemente volvamos al hotel y montemos ahí permanentemente
nuestra "base", por llamarla de alguna manera. ¿Qué os parece?
- Hombre, tendríais que engañar durante mucho tiempo al conserje... -comenté.
- No lo creas, Dani. En realidad, con
los arreglos que hice en el ordenador, creo que podríamos quedarnos a vivir
allí hasta el fin de los tiempos -añadió Memoria.
- Entonces de acuerdo. Mañana por la tarde iré yo al hotel, y seguiremos hablando
sobre todo ésto. Ahora, como comprenderéis, no puedo irme así por las buenas.
- Claro... chicos, ya lo habéis oido.
¡En marcha! -ordenó Conciencia- Nos
veremos mañana Dani.
- Adios... ah, Sentido Común -recordé algo.
- ¿Sí? Dime.
- ¿No tenías algo que contarnos?
- Er... sí. Mañana sin falta, ¿de
acuerdo?
- Eso espero. Ciao!
Los vi salir uno a uno por la ventana; a Decencia la ayudé a subir, porque la pobre no estaba para muchos trotes; ella me lo "agradeció" a su manera, soltándome una historia de cuando era niña que no parecía tener fin, e incluía seis viajes en barco y cuatro crónicas hiperdetalladas de cómo subió sus primeras escaleras de caracol (y yo sigo preguntándome: ¿de dónde coño saca esas historias?). Seguidamente salí de la habitación y fui al lavabo para tomarme una aspirina, que falta me hacía. Cuando acabé, regresé al mismo lugar con la intención de tumbarme un rato en la cama, para reflexionar con tranquilidad... pero mi sorpresa fue mayúscula cuando estando frente a la puerta cerrada, empecé a escuchar gritos, gimoteos y jadeos provinientes del interior.
- ¿Hola? -pregunté sin levantar mucho la voz para que no se
extrañara mi familia- ¿Seguís ahí? ¿Tenéis algún problema?
- ¡NOOOOO-OOOOH.... SIIIII... digo...
NOOOOOO! -gritó Libido.
- ¡NINGÚN... PROBLEMA... PEDAZO DE...
FREAK! -gritó Lado Oscuro- ¡LARGO!
- Eh, que si quereis entro y os ayudo en lo que sea.
- ¡QUE NOOOOOOOO! -gritaron Libido y Lado Oscuro al unísino.
- Bueno, vale... ¿y los demás?
- ¡Les hemos dicho... aaaahh... que se fueran, que ya... oooohh... ya les cogeríamos!
¡VETE TÚ TAMBIÉN, COÑO! -gritó Libido.
- Vaaaaleee...
- Er... ¡espera, espera! -volvió a
gritar ella.
- ¿Qué pasa ahora?
- Otro día igual te dejamos entrar. Hay que entrenarle
para ella... ¿verdad, mi osito pardo?
- Estás loca, ¿lo sabías?
-respondió él-. Por eso me gustas...
- Esto... casi que me voy. ¡Hasta otra!
Entendiendo (algo tarde, lo reconozco) la situación y dejando atrás una nueva ráfaga de girtos y jadeos, les dejé solos.
Al día siguiente, lunes, fui al hotel Numancia para hacerles una visita y entré en la habitación 666; iIma tuvo la amabilidad de indicarme el mejor camino hasta ahí, para no ser visto por ningún empleado (incluido el temible conserje, del que se contaban unas leyendas que harían poner los pelos de punta al mismísimo Stephen King).
- Llegas
justo a tiempo -me dijo Conciencia, que me
esperaba en la puerta con su inseparable bastón-. Al parecer, Sentido Común tiene algo
muy importante que anunciarnos.
- ¿Si? ¿Va a contarnos por qué siempre tiene la misma cara de
acelga? Je, je...
- Pues algo así, Dani... -contestó Sentido Común, que estaba sentado en un sofá- Sentaos
todos, porque lo que voy a revelaros es, cuanto menos... poco usual, por decirlo
de alguna manera. En realidad debería habéroslo dicho antes.
- ¡¿NO ME JODAS QUE ERES
GAY?! -exclamó Libido. Todos la miramos
sorprendidos- Er...
perdón, no he dicho nada.
- No Libido, no tiene nada que ver con
eso. En realidad, es algo mucho más fuerte... ¿estais listos?
Todos asentimos con la cabeza. Entonces Sentido Común se levantó lentamente, cogió su bufanda con una mano... y la lanzó con fuerza al aire. Y ahí se quedó flotando, ante nuestras miradas atónitas. Al instante, su cuerpo se desplomó en el sofá, y la bufanda dio un par de tirabuzones en el aire, antes de pararse justo delante de mi cara... y abrir dos grandes ojos situados en el extremo.
- ¿Qué... qué eres tú? -pregunté aterrorizado.
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Cosas que Hacer en Barcelona Cuando Eres una Bufanda