TEMPORADA 2 / EPISODIO 4

AQUÍ HAY ALGO QUE NO ENCAJA

- Bueno, no os quedéis tan callados... ¿qué os parece la nueva base? -preguntó Memoria.
-
Estooo... -intentó decir Lado Oscuro.
-
Curiosa -contestó Imaginación.
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Diferente -dijo Habilidad.
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Atrevida -comentó Libido.
-
¡Pero si es un cine! -exclamó Conciencia.
-
¡Juajuajua! -dijo Humor.
-
Multicine, para ser exactos -añadió Sentido Común-. Y de 11 salas nada menos...

El gran cartel de la entrada, a la que se llegaba bajando por unas escaleras hasta una gran plaza, no podía ser más explícito: Cinesa Diagonal - 11 Salas.

- ¿Cómo pretendes que vivamos en un sitio así? -preguntó Decencia escandalizada.
-
Vamos señora, uno se acostumbra a todo... -respondió Valor.
-
¡Acostúmbrate tú, no te jode! -se quejó Lado Oscuro.
-
Tranquilos, todo tiene una explicación -dijo Memoria intentando quitarle hielo al asunto-. Acompañadme y lo entenderéis.
-
Eso, que aquí hace un frío de narices... -añadió Imaginación mientras usaba sus alas, en ese momento de color blanco, para abrigarse.

Memoria los condujo a todos al interior del cine; en el vestíbulo tuvieron que moverse con suma cautela, debido al gran número de gente que hacía cola para comprar palomitas. Pero no se dirigieron a ninguna de las salas, sino hacia uno de los lavabos.

- ¡Ésto ya es el colmo! ¡Es indignante! -exclamó Decencia.
-
No hay que fiarse de las apariencias... -le replicó Memoria.

Se agachó frente a la pared que dividía los lavabos de hombres y mujeres, puso su mano sobre una baldosa, hizo un gesto de tirar... y abrió una trampilla que hasta ese momento había permanecido casi invisible. Todos se quedaron boquiabiertos.

- ¡La leche! -exclamó Valor en pleno éxtasis- ¡Un refugio antinuclear!
-
Ejem... en realidad es sólo un acceso secreto al parking que hay abajo -aclaró Memoria.
-
... vale, pero de ilusión también se vive.
-
¿Isinuas que vamos a vivir en el parking? No lo veo muy lógico -preguntó Sentido Común.
-
No exactamente. Lo que hay aquí debajo es una habitación donde a veces pasa las noches la señora de la limpieza. Con unos pequeños retoques, podremos usarla nosotros -explicó Memoria.
-
¿La habitación o la señora? Jejejeje... -dijo Humor, aunque nadie le hizo ni puñetero caso.
-
Pero si ella ya vive ahí... ¿no nos descubrirá? -preguntó Conciencia.
-
Ah, no os preocupéis por eso. He conseguido acceder a su cuenta bancaria y... digamos que una señora de la limpieza nunca estuvo mejor pagada.

Mientras, en algún lugar de Micronesia, una tal Lurdes se pegaba la gran vida.

- Oye Memoria, ¿por qué no has buscado otro hotel para nuestra nueva base? -preguntó Libido, algo decepcionada- Le estaba cogiendo cariño a esas camas matrimoniales...
-
Porque en un hotel llamamos demasiado la atención aún siendo invisibles -contestó Memoria lanzando una mirada asesina a Humor, que se partía de risa. Su estado habitual-. Esto tiene más pinta de base secreta.
-
Hey, a mí me parece bien -comentó Valor cuyos ojos brillaban ante cualquier cosa que pareciese remotamente militar.
-
Habrá que verla, ¿no? ¡Venga, que ya tengo ganas! -exclamó Habilidad.

Ella fue la primera en bajar. Los demás, resignados (sobretodo Decencia), la siguieron poco a poco. La estancia no era muy grande, y lo cierto es que diez personas estaban bastante apretadas aun quedándose de pie. Había una lámpara en el techo que daba muy poca luz, un armario, una minicocina... y una sola cama.

- Desde luego Memoria, te has quedado sola... -protestó Conciencia.
-
¿Cómo vamos a dormir todos ahí? -preguntó Sentido Común señalando la cama.
-
Como ya he dicho, hay que hacer unos pequeños retoques -contestó Memoria sonriendo.

Toc, toc. Alguien golpeó la trampilla inferior (la que comunicaba con el parking).

- Ah, ya están aquí -dijo Memoria-. Chicos, tenéis que salir un rato...
-
¿Ahora nos haces salir otra vez? -protestó Decencia- ¡Que una ya no tiene edad para subir y bajar constantemente!

Memoria acabó convenciéndoles y se quedó sola en la estancia; abrió la trampilla inferior y ayudó a subir a un hombre vestido con mono de transportista.

- Bueno señorita, le traigo todo lo que ha pedido. Necesito que firme aquí...

Memoria firmó en el recibo con un nombre falso.

- Listos. ¿Quiere que lo suba todo o...?
-
No gracias, ya lo haré yo.
- Como quiera. Adios, señorita... -miró el recibo- Grizzabella. Bonito nombre.
-
Gracias.
- Y bonito pelo.
-
Er... gracias -Memoria empezó a sentirse incómoda.
- ¿Le pasa algo en la voz? Suena como un robot...
-
Tengo la gripe -dijo con la esperanza de que el hombre se fuera de una vez.
- Ah... er... vale, adios -se apresuró a decir el transportista, que bajó por la trampilla a toda velocidad.

Memoria miró hacia la trampilla superior, que había permanecido abierta, y gritó:

- ¡Habilidad! ¿Puedes bajar un momento?
-
¡Vooooy! -respondió entusiasmada.

Durante los siguientes 20 minutos se escuchó un ruido tremendo proviniente de la estancia, que los demás Freakers intentaban silenciar cerrando la trampilla y sentando a Humor encima, el cual se hallaba inmerso en una interminable y absolutamente esperpéntica imitación de Eugenio (sí, al menos estaba bastante tranquilo). Aquel ruido parecía una mezcla entre el de un taladro, una excavadora, el correcaminos a toda pastilla y una danza africana inducida por hongos psicotrópicos.

O como cualquier cosa que pongan en una discoteca hoy en día.

- ¿Saben aquel que dice...? -repetía Humor constantemente.
-
¡No, no sé una mierda! ¡Y cállate ya! -gritó Lado Oscuro.

De pronto se abrió la trampilla y Humor cayó de bruces.

- ¡Ya podéis bajar! -dijo Habilidad asomando la cabeza.
-
¡¿Otra vez abajo?! -se quejó Decencia.

Pero valió la pena. Los Freakers no podían creer cómo había cambiado esa estancia en sólo 20 minutos: era mucho más grande (Habilidad había movido y agrandado las paredes), había una cama para cada uno, luz como la del día, varios armarios, una cocina pequeña pero decente (vamos, de las que le gustan a Decencia), y en el centro de todo una mesa redonda.

- Increible... -dijo Sentido Común.
-
¡Mi madre, menudo cambio! -exclamó Imaginación.
-
Vaya, Habilidad, te ha quedado genial... -comentó Libido.
-
Gracias guapa -contestó Habilidad.
-
¿Uh? -se extrañó Libido.
-
¡Jajajaja...! -se rió de repente Conciencia.

Todos se quedaron mirando a Conciencia, que se ruborizó.

- ¿Por qué te ríes como yo? ¡Plagiadora! -exclamó Humor.
-
Nada, nada, cosas mías... -contestó Conciencia riéndose por lo bajo.
-
De todos modos, creo que las paredes están muy sosas -dijo Ima cambiando de tema-. Tendré que hacer algo al respecto... -añadió frotándose las manos.
-
Bueno gente, luego hablaremos de eso, que ya es hora de cenar... ¿pizza o pollo frito? -preguntó Memoria mientras una parte de su traje se transformaba en un teléfono.

Fue una cena casi sin incidentes, si exceptuamos el momento en que Humor se puso el cubo del pollo en la cabeza y bailó sobre la mesa. Libido, sentada al lado de Conciencia, aprovechó el barullo de la habitación para hablar con ella sin que nadie más la oyera:

- Oye Conciencia...
-
¿Qué pasa? -respondió.
-
¿Has visto a Habilidad? No deja de mirarme todo el rato.
-
Errmm... -reprimió una carcajada- tal vez debería contarte algo de ella...
-
No, no es necesario, se ve a la milla que es lesbiana.
-
Ah, menos mal que te has dado cuenta, porque antes me...
-
A ver si esta noche me la puedo tirar.
-
...
-
¿Qué pasa?
-
...
-
Te has quedado muda de repente.
-
...
-
Ah, ya, lo de Habilidad... no sé de qué te extrañas; mi nombre es Libido, así que es lógico que quiera probar un poco de todo.
-
...
-
Oye, en serio, ¿te encuentras bien?
-
Libido...
-
¿Si?
-
Quita esa mano de mi rodilla.
-
Ups.

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