TEMPORADA 2 / EPISODIO 7
ERROR EN EL SISTEMA: MEMORIA NO PUEDE REINICIARSE
Pasó una semana. Todo rastro de números escritos con rotulador había sido eliminado. Decencia sufría crisis nerviosas cada cinco minutos, Humor se descojonaba vivo, y Libido y Lado Oscuro volvían a poner a prueba los muelles de la cama siempre que podían. En resumen: todo iba como siempre. Más o menos.
Y ahí estaba yo. En la nueva base de los Freakers. Repanchingado en el sillón que Decencia había obligado a los demás a comprar, aunque afortunadamente en ese momento la señora se hallaba fuera, dando un paseo. Bueno, estaba. Acababa de volver, y mis reflejos actuaron raudos para hacer que me levantara como un rayo del sillón. Nadie sabía por qué, pero al parecer ese sillón era lo más parecido a un trono que había en la casa, y cualquier otra persona que lo rozara en su presencia, o era un suicida o era idiota perdido. Aunque Decencia lo usaba sólo para hacer ganchillo.
Como decía, había pasado una semana muy tranquila. Quizá demasiado. Decencia iba a preparar ahora una comilona para todos precisamente para celebrar que hacía siete días que no ocurría nada raro. Todo un logro. La cocina echaba humo (literalmente) mientras los demás preparábamos la mesa. Lado Oscuro lo hacía a regañadientes.
- Que tenga que hacer esto... ¡con
la de usos divertidos que podría darle a este tenedor! -protestó.
- Tu concepto de "diversión" es, cuanto
menos, inquietante -apuntó Imaginación mientras servía
los vasos.
- Cuánto tienes que aprender aún, cariño...
-replicó Libido.
Memoria y Habilidad ayudaban en ese momento en la cocina. La primera para recordarle a Decencia algunos detalles de la receta (pese a que esta se oponía a recibir ayuda), y la segunda para luego poder servir los platos de cuatro en cuatro.
- ¡Más vale que os déis
prisa, que ya estamos terminando! -gritó Memoria desde la cocina
a los que estábamos preparando la mesa.
- Si, ya empieza a quejarse mi reloj -respondí con una mano en el estómago.
Y es que en cuestión de comida, mis tripas funcionan con una precisión
envidiable hasta para un reloj atómico.
Dicho y hecho. Decencia había preparado uno de los guisos de conejo de los que tanto hablaba en algunas ocasiones, y que según ella eran, en ciertos momentos de la vida, "el arma más eficaz jamás creada". Al principio todos nos tomamos aquello como una declaración de guerra química total , pero nada más lejos de la realidad; lo que Decencia quería decir era que, o cocinaba ella, o no comía ni dios.
- ¡Vamos al ataque! -exclamó
Humor agarrando los cubiertos.
- ¡No tan rápido, maleducado! -le
gritó Decencia furiosa- ¿Es que no sabes
que hay bendecir la mesa?
Silencio total. Hacía tiempo que no teníamos uno de esos.
- Bendice oh señor estos ali...
- ¡A la mierda! -bramó Valor soltando
un puñetazo sobre la mesa- ¡Si en la guerra
se hicieran esas mariconadas nos darían a todos por el culo! ¡A
comer YA!
Nos extrañó un poco que Decencia no se quejara en absoluto. Bueno, en realidad si se quejaba, pero el ruido de diez pares de cubiertos atacando sin compasión el conejo guisado, combinado con el hecho de que nadie la miraba, hizo que sus gritos, alaridos y el posterior desmayo, pasaran a formar parte de la cacofonía que reinaba en el lugar. Y dicho sea de paso: a pesar de faltarle un poco de sal, el guiso estaba para chuparse los dedos.
- Memoria, ¿me pasas la sal? -le pedí amablemente.
- c0x608xbj kx58pxw3789k -respondió Memoria.
Otro silencio mortal. Parecía que estábamos recuperando el tiempo perdido.
- Y ahora en cristiano, por favor
-le rogó Conciencia, sentada junto a Memoria.
- He dicho que si, que la coja -dijo finalmente
Memoria ofreciéndome el bote.
- Er... gracias -susurré con una ceja arqueada.
Evidentemente había ocurrido algo extraño, incluso para nosotros. Miré atentamente a Memoria y decidí ponerla a prueba.
- Dime Memoria, ¿de qué color es tu vestido? -le
pregunté. Era una pregunta estúpida, pero no se me ocurría
otra cosa en aquel momento.
- ¿Eh? No entiendo po4 qu3 m3 h4c3ssss esa pregunta.
Sab3s de s0bras que 63xvb038kxk y verd3.
Aquello parecía un velatorio de tan silencioso que se había vuelto.
- Memoria, ¿te encuentras bien?
-se aventuró a preguntar Sentido Común.
- Yo diría que a esta le ha dado un telele
-dijo Humor.
- ¿Le doy un par de cachetes a ver si se le pasa?
-sugirió Habilidad haciendo crugir todos sus nudillos.
- ¡Eh! ¿P3r0 qué 05 pasa? -protestó
Memoria- ¡N78bx0xkl4 algo raro!
- ¿Ha dicho que le pasa algo y es raro, o "qué os pasa"
y "ni que fuera algo raro"? -le pregunté a Conciencia.
- Creo que en ambos casos no avanzaríamos nada
-sentenció.
- Justo lo que pensaba. Oye Mem...
No terminé la frase. Me parecía más interesante observar cómo Memoria lanzaba chispas y se agitaba fusiosamente.
- ¡¡3708FKJ2±XXX£807SSS$&"·#**-3420DAAYYYSYYYYYY...!!
Obviamente ya no quedaba nadie sentado en la mesa. Ni siquiera la propia memoria, que debido a la enorme cantidad de gases que soltaba se había quedado flotando a un metro del suelo. Para hacerse una idea de la visión que teníamos, bastaría con imaginar una cafetera voladora en manos de un irakí con parkinson en el polo norte. Era alucinante. El brazo derecho salió disparado clavándose en la pared. El izquierdo directamente explotó. La cabeza se desprendió del cuerpo con un sonoro "plop!" y aterrizó justo ante los pies de Decencia. Si, soponcio al canto. El resto del cuerpo cayó de repente al suelo armando un estruendo espantoso.
A esas alturas todos habíamos deducido ya que, obviamente, el cuerpo de Memoria era robótico. Cables, chips, líquidos extraños y chispas de colores salían continuamente de su cuerpo, que afortunadamente había dejado de moverse.
- ¡JUAJUAJUAJUAJUAJUA! -fue
lo único que supo decir Humor durante las siguientes dos horas. Digo
por abreviar...
- ¡Su puta madre! -exclamó Lado Oscuro-
¡Era un robot!
- Malditos sean, están por todas partes...
-añadió Valor, con el ceño fruncido.
- Caray, me cuesta creerlo... -comentó Sentido
Común. Parecía algo incómodo.
- Y no eres el único... -añadí tratando de conservar la
calma. Si, creo que algo me quedaba. Y tomé una decisión-. Supongo
que ahora habrá que examinar el cuerpo...
- ¡Eso es cosa mía! ¡A examinar cuerpos
no me gana nadie! -exclamó Libido.
- No cariño, creo que se refiere a otro tipo de
examen... -dijo Habilidad.
Lado Oscuro se estremeció. Lo hacía cada vez que Habilidad llamaba "cariño" a Libido. Que fuera un salido y un macarra no significaba que no tuviera su corazoncito.
Y ahí estaba Habilidad, echándole un vistazo a lo que antes había sido Memoria. Empezó por la cabeza y los brazos, y luego se centró en el resto del cuerpo. Durante el proceso casi no dejó de fruncir el ceño ni un instante. Los demás hicimos lo único que podíamos hacer en ese momento: comer e ignorar a Humor. Y que nos echen un galgo...
- Chicos, tengo dos noticias que daros.
Una buena y otra mala -anunció de repente Habilidad incorporándose.
- ¡Estos juegos me gustan! -exclamó
Imaginación- ¿Cuál es la buena?
- Que este robot no era Memoria. Si lo fuera, su traje
aún conservaría sus propiedades, y esto sólo es un trapo.
- ¿Esa es la buena? -preguntó Conciencia.
- ¿Y la mala? -se apresuró a decir
Ima.
- Que esto tiene un temporizador y marca un minuto y bajando...
En efecto. Esa es precisamente la clase de cosas que hacen que uno se replantee la vida.
Lo que le queda, se entiende.
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