TEMPORADA 3 / EPISODIO 10
LA BISABUELA DE TODAS LAS BATALLAS
Contestaré a la pregunta final del anterior episodio.
No.
Maticemos: Valor había llegado a tiempo para impedir que los guardias de Yonax me volaran la tapa de los sesos. Algo que, obviamente, iba a estar agradeciéndole hasta que me cortaran las canas.
Por otra parte, no había llegado a tiempo para impedir que Ima se despertara...
- ¡Disparad otra vez a la chica! ¡Vamos! -le ordenó Yonax a sus guardias.
Ocurrieron varias cosas a la vez. Deseo se las arregló para echarme un lado y se levantó como un rayo. Valor apuntó a los guardias. Yonax se abalanzó sobre el anillo de Deseo, con la intención de huir como el maldito cobarde que era. Y también dentro de ese instante, que tan eterno se nos hizo, Imaginación despertó.
Y cómo.
- DETENEOS. TODOS. YA.
Ningún ser vivo (o no-muerto) en todo el universo, podría haber quedado impasible ante tal escena. Entre la voz, que parecía provenir de los mismísimos abismos de la historia (con toda la experiencia que eso conlleva), y la imagen de Imaginación levantándose con firmeza y con media cabeza bañada en sangre, mirándonos como si todos fuéramos su peor enemigo (incluso yo), no pudimos hacer otra cosa que obedecerla como si nos hubiéramos convertido en sus esclavos de por vida. Incluso el propio Valor se sintió impotente ante semejante una visión tan indescriptible.
- NO ME GUSTA. NO ESTÁ BIEN. DEBE TERMINAR.
Caminó hacia el centro de la habitación, al lugar donde había estado entrenándose. Todos nos sentíamos como anclados al suelo. Ima irradiaba energía pura, soltando rayos eléctricos en todas direcciones. Más de uno llegó a impactarnos, provocándonos un ligero dolor muscular pero ninguna marca física.
De pronto, Carisma reaccionó e hizo un gesto extraño con su mano derecha.
- ¡Maldición!
-exclamó- ¡El sistema de emergencia no funciona!
¡No puedo pararla!
- ¿Crees realmente que nos conviene dormirla? -le pregunté, señalando
con la cabeza a los guardias de Yonax, que al igual que el emperador y Deseo,
seguían impertérritos.
- Yo creo que será peor el remedio que la enfermedad
-afirmó Sentido Común, que entró en la estancia por el
hueco que había abierto Valor momentos antes.
- ¿En qué te basas? -le preguntó
Carisma.
- En que se dirige al centro de la habitación.
- ¿Y qué?
- Es donde se entrena.
- ... oh-oh.
- Exacto.
Y de pronto, Valor reaccionó.
- ¡No he cedido nunca
ante ningún peligro, y esta no será la primera vez! -se
lanzó hacia Ima, que ya había alcanzado el centro.
- ¡Valor, no! ¡Detente! ¡Es demasiado peligroso! -grité
asustado.
Pero no me hizo caso. Imaginación alzó su brazo hacia él y le lanzó una especie de esfera de color azul que le envolvió.
- NO ERES RIVAL PARA MÍ. YO TE CREÉ. YA NO SIRVES.
Y emitiendo un alarido infrahumano, Valor desapareció sin dejar rastro.
- ES LA HORA.
Imaginación empezó a flotar y a brillar con una fuerte intensidad.
- ¡Ha... ha matado
a Valor! -gritó Conciencia horrorizada. Sin darme cuenta, los
demás freakers habían ido entrando en la sala.
- Era tan joven... ¡es
espantoso! -exclamó Decencia- ¡La
señorita Imaginación ha perdido el juicio!
- Hasta yo pienso que esto es horrible -añadió
Lado Oscuro-, así que supongo que debe ser lo peor
de lo peor...
- Joder, ni yo tengo el suficiente humor negro para bromear
sobre esto -comentó Humor.
- No os dais cuenta de la situación -murmuró
Carisma, con el rostro marcado por una tristeza profunda-. Imaginación
ha perdido la noción de la realidad. Ahora nos ve a todos como enemigos.
A todos... y a todo.
- Oh, no... dime que no va a hacer lo que pienso que va
a hacer -dijo Habilidad, muy nerviosa.
- ¿El qué? ¿De qué puñetas
hablais? -Libido iba algo perdida.
- ¡Hablan de que el maldito engendro nos va a matar
a todos! -gritó Deseo- Es eso, ¿verdad?
Habilidad se dio cuenta por primera vez de su presencia.
- ¿Mamá?
-dijo con los ojos abiertos como platos.
- No es ella. No te fíes -le advirtió
Memoria, a quien no se le escapaba nada.
- Imaginación está acumulando toda su energía
-explicó Carisma-, para hacer algo que sólo
puede hacer desde aquí.
- Estamos en un lugar fuera del tiempo. El centro mismo
del universo -añadió Deseo-. ¿Sabeis
lo que significa eso?
- Sí, que debemos irnos YA -respondió Yonax.
- ¡No, mi señor! ¡No lo entiende!
-Deseo estaba a medio camino entre la desesperación y la furia absoluta-
¡No hay escapatoria posible! ¡No hay lugar
alguno donde podamos escondernos!
- Imaginación provocará na reacción
en cadena... que destruirá el universo entero -concluyó
Carisma.
Las últimas palabras cayeron sobre todos nosotros como un gigantesco yunque. Repentinamente, Ima aumentó su brillo y comenzó a suceder algo todavía más extraño, si cabe: a su alrededor empezamos a apreciar extrañas "grietas" que se abrían paso en el aire mismo, y a través de las cuales se veían lugares y paisajes de distintos lugares del universo.
- ¡Ya ha comenzado!
-exclamó Carisma- ¡Mirad, la realidad empieza
a romperse!
- Joder... Carisma, tiene que haber alguna forma de parar esto -le supliqué.
- No la hay, hijo. No veo cómo. Moriríamos
antes de tocarla... -meditó unos segundos- A
menos que...
- ¿Qué? ¿Alguna idea, papá?
-le preguntó Habilidad esperanzada.
- ¡DIOS! -gritó Carisma- ¡¿Cómo
no se me ha ocurrido antes?!
Y se lanzó sobre Deseo.
- ¡Dame el anillo!
¡Es fundamental!
- ¡Ni lo sueñes! ¡Ungh! -Carisma
le dio un buen puñetazo y recuperó su anillo.
Los guardias dispararon al unísono contra Carisma. Se desplomó sangrando.
- ¡NO! ¡Tú también no!
¡Por favor! -grité lanzándome sobre él.
- Cógelo hijo... úsalo... vuelve atrás
y... cambia las cosas. Es la única esperanza... -escupió
sangre- Quise usarlo para... para salvar a tu madre...
pero... mi teoría del tiempo era que... no... no...
- ¡Sigue hablando, vamos! -exclamó
Conciencia, que se había agachado para ayudarme.
- ... que no se pueden cambiar las cosas... que el destino
lo marca todo... dios, ojalá me equivoque... ¡corre hijo! ¡Corre...!
Carisma dejó de respirar.
Me puse el anillo y me levanté. Con lágrimas de rabia y dolor en los ojos, miré detenidamente a Yonax y a Deseo.
- ¡Seguidme si podéis, cabrones! -les grité.
Y toqué lo que parecía un botón integrado en el anillo. Al instante, me vi arrastrado a la mareante corriente temporal que Ima y yo habíamos visto con anterioridad. Eso si, con dos diferencias.
La primera, que no tenía la más remota idea de cómo usar el anillo. Tirarse el farol había sido la parte fácil, pero ahora no tenía más remedio que comerme el marrón.
Y la segunda, que sin querer me había llevado a Conciencia y a Sentido Común conmigo.
- ¡La has hecho buena!
¡¿Y ahora qué?! -gritó Conciencia.
- ¡Confiemos en el chico! -exclamó
Sentido Común- ¡Algo del genio de su padre
debe tener!
- Gracias por ese comentario... ¡agarraos fuerte!
Y tras volver a tocar el anillo, aparecimos en una pradera.
A pesar de ser de día, el cielo estaba oscurecido; densas nubes negras provenían de unas montañas lejanas... y también un ejército inmenso. Aún estaban a varios cientos de metros.
- ¿A dónde
nos has llevado? -preguntó Conciencia.
- Buena pregunta... pero esto me resulta familiar -respondí, rascándome
la barbilla.
- ¿Tal vez por la enorme ciudad blanca con siete
murallas que hay detrás nuestro? -sugirió Sentido Común.
Minas Tirith. De no ser por la gravedad de la situación, incluso me habría alegrado el hecho de que acababa de demostrar que Tolkien era un historiador, y no un novelista.
- ¡Y ese es el ejército de Mordor!
-exclamé- ¡Hemos ido a parar a la Batalla de los Campos de Pelenor!
¡La bisabuela de todas las batallas habidas y por haber!
- Pues venga, sácanos de aquí antes de que
lleguen los orcos... -dijo Conciencia.
- ¡Demasiado tarde!
Deseo salió de la nada, me dio un buen tortazo y me quitó el anillo. Luego lo tiró al suelo y lo destruyó con su pistola láser, para mayor desesperación nuestra. Nos miró riéndose.
- Qué decepción.
No sabe ni usar el anillo de su padre...
- ¡Quizá salvemos el universo, pero ninguno de vosotros vivirá
para contarlo! -exclamó Yonax, que la había acompañado
junto a sus guardias- ¡Guardias, ejecutadlos!
- ¡No tan rápido, listillo!
Sentido Común se enroscó en la mano de Deseo y le quitó su anillo en un hábil y rapidísimo movimiento. Luego salió volando en dirección contraria, huyendo.
- ¡Detened a esa bufanda! -ordenó
Yonax.
- No creo que sea una buena idea, mi señor
-dijo Deseo.
- ¿Eh? ¿Por qué?
- Porque va en dirección a los orcos...
- ¡Buena idea, Sentido Común! -exclamé- ¡Vamos, huye!
- ¿"Buena idea"? -repitió
Conciencia- ¡Tenemos el ejército casi encima!
¡¿Cómo esperas escapar?!
- ... er...
- Es más... ¿qué os hace pensar que os matarán
los orcos? ¡Guardias, recuperad el anillo y matadlos de una vez por todas!
-ordenó Yonax.
Ni en mis sueños o pesadillas más desmesuradas había imaginado algo semejante. Pero estaba ocurriendo de verdad. Los orcos se aproximaban. Las torres de batalla y las catapultas estaban listas. En la ciudad, miles de soldados gondorianos comenzaban a preparar el contraataque con todo lo que tenían a mano.
Y de pronto estalló la batalla.
Yo, fiel a la tradición, estaba enmedio. Como el jueves. Como siempre. Es mi sino...
... pero no podía pensar en ello en aquel momento. El número uno en mi lista de prioridades era esquivar la primera oleada de orcos y trolls, que se abalanzaban sobre nosotros como locomotoras, con cara de pocos amigos y muchos cadáveres mutilados.
Y entonces volvió Sentido Común. Y no estaba solo.
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