TEMPORADA 3 / EPISODIO 2
VENIMOS EN SON DE PAZ
- ¿Es esta ropa realmente
necesaria? -preguntó Valor, algo incómodo.
- Eh, vamos, ¿no se suponía que eras el
valiente del grupo? -le dijo Humor.
- Tú quieres morir, ¿verdad?
- Bueno, al fin te das cuenta -añadió
Lado Oscuro sonriendo.
- Pues a mi me gusta -comentó Libido-. Me
marca todo el cuerpo...
- Urgh... -trató de contenerse Lado Oscuro.
- A mí no -se quejó Habilidad-. He
tenido que hacerle dos agujeros para los brazos...
Ahí estábamos. Todos vestidos con lo que Ima aseguró que era el uniforme de gala del ejército Muhwan, y que parecía un cruce entre el de la federación de Star Trek (next generation), y el que llevaba Freddy Mercury en el video de Friends Will Be Friends.
Una horterada como una catedral.
Y en el caso de Decencia, que ya había despertado, un crimen visual.
Acábabamos de llegar a la órbita del planeta, que desde la órbita tenía pinta de albergar muchas ciudades y pocos bosques. Ima nos había hecho volver al puente de mando.
- Piloto automático
desactivado. Vamos a iniciar el descenso -anunció-. No
hace falta que os agarréis.
- ¿Vamos? -pregunté a una distancia prudencial- ¡Pero si
no hay nadie más en toda la nave! ¿Quién va a controlarla,
ahora que ya no funciona el piloto automático?
- Yo -contestó Imabot.
Sus ojos se convirtieron en brillantes estrellas azuladas. Al instante, todos los paneles comenzaron una actividad frenética, y la nave inició el descenso. A pesar de moverse a una velocidad endiablada, apenas notamos la aceleración.
- Niña, espero que
ese emperador tuyo tenga buenos modales -le dijo Decencia a Ima-,
o se los tendré que enseñar yo misma...
- Descuide señora -intervino Valor, al que
había sido imposible separar de su arma-. Si se
les va la olla, me encargaré personalmente de enseñarles un poco
de diplomacia terrestre...
- Qué curioso, joven. Usted empieza a caerme bien
-reconoció Decencia.
- ... como unos veinte cartuchos -añadió
Valor.
- ¿Serviría de algo que os dijera que mantuviérais
la calma cuando lleguemos? -preguntó Sentido Común.
- Yo te diría que de acuerdo, pero creo que sería
la única -contestó Conciencia-. ¿Y
tú, Dani?
- Yo sólo espero que el aire de ahí abajo sea respirable...
- ...
Atravesamos la atmósfera y algunas capas de nubes. En un santiamén estábamos sobrevolando una ciudad alienígena que bien podría haber parecido Coruscant, si los que la diseñaron se hubieran metido un lápiz en el ojo. Efectuando un aterrizaje increiblemente suave, la nave se posó en lo alto de un edificio que parecía importante y cuya azotea era totalmente plana.
- Nos esperan ahí fuera. Con suerte habrán perfeccionado el sistema de traducción -anunció Imabot-. Seguidme.
La idea de quedarme solo en otro planeta, a bordo de una nave espacial, no acababa de gustarme. Así que decidí acompañar a los demás freakers, que ya seguían a Imabot hacia la salida. Era una puerta doble, bastante grande, todavía cerrada. A Imabot volvieron a brillarle los ojos, y la puerta se abrió como un rayo.
Las buenas noticias fueron que, efectivamente, el aire del planeta era respirable.
Las malas noticias, que frente a la nave había un grupo de no menos de treinta figuras oscuras y encapuchadas, de aproximadamente metro y medio de altura. Bajo las capas era imposible saber qué aspecto tenían.
Las peores noticias fueron que al vernos a Imaginación y a mí, reaccionaron arrodillándose.
- ¿Qué... qué es esto? -pregunté
alucinado.
- Me temo que es por mí -contestó
Ima.
- ¡Salve, oh guardiana! -gritó el que parecía el
líder de los encapuchados-. ¡Aquella cuya luz ha de protegernos!
- Ahí está, ¿lo ves? -me dijo
Ima.
- Entiendo... -suspiré.
- ¡Salve, oh elegido por la guardiana! ¡Aquel que ha de amarla
hasta el fin de los tiempos!
No importa cuántos silencios mortales haya descrito ya. Ninguno le llegaba a este ni a la suela de los zapatos.
Imaginación me puso la mano en el hombro. Sé que lo hizo para que me tranquilizara, pero el efecto fue el contrario.
- ¡Jajajaja! ¡Tendrías
que ver la cara que tienes ahora! -me gritó Humor.
- ¡Salve, oh bufón de la guardiana! ¡Aquel que ha de divertirla
por los siglos de los siglos!
- ¡Eh! ¿Qué me han llamado?
-protestó Humor. Era raro verle enfadado.
- ¡Ja, ja, ja! ¡Donde las dan las toman, chalado!
-exclamó Valor.
- ¡Salve, oh soldado de la guardiana! ¡Aquel que ha de conducirla
hacia la victoria!
- ¿Soldado de qué? -Valor señaló
a Imaginación- ¿De esta cría? ¡Ni
de coña!
- Se acabó -dije pausadamente-. Basta ya de tanta tontería.
¡Llevadnos ante vuestro líder!
Los freakers se me quedaron mirando.
- Ejem... siempre habría querido decirlo...
-añadí ruborizado.
- Pero estás en lo cierto -dijo Imabot-.
Tenemos que ir a ver al emperador. ¡En marcha, soldados!
Nos condujeron a todos hasta el borde del edificio, donde una enorme plataforma hexagonal levitaba. Una vez sobre ella ocurrió algo muy extraño (quiero decir, más de lo que ya era la propia situación): a pesar de que la plataforma empezó a descender a no menos de 200 kilómetros por hora, no notamos la más mínima aceleración. Nada de nada.
Cruzamos parte de la ciudad, pero estaba claro a dónde nos llevaban: sólo un emperador podía vivir en un edificio tan céntrico, gigantesco, majestuoso y extremadamente pijo como el que teníamos delante. La plataforma se detuvo frente a la gran puerta de entrada, donde nos esperaban decenas de seres igualmente encapuchados, arrodillados y en silencio.
- Es extraño... ¿por
qué nadie muestra su cara? -preguntó Conciencia.
- Si, es una grave falta de cortesía...
-gruñó Decencia.
- Sólo nosotros y el emperador podemos mirar a
la guardiana a la cara -explicó Imabot-. Seguidme,
es todo recto.
- No arméis alboroto ahora -aconsejó
Sentido Común-. Pasar por aquí me recuerda
a Los Pájaros...
La puerta de entrada era un enorme triángulo isósceles. Una vez superada, se desplegó ante nuestra vista una sala con columnas a ambos lados, la cual no parecía tener fin. Pero si lo tenía. A unos 200 metros se encontraba la pared del fondo, a la que llegamos escoltados por los soldados. Al pie había una escalinata que culminaba con un gran trono.
Y en ese trono estaba sentado el primer muhwan con el rostro descubierto que veíamos. Tenía la piel blanca como la nieve y escamosa como una serpiente. Carecía de pelo, y sus ojos recordaban a los de un pez abisal. Se levantó al vernos llegar.
- ¡Grande es este día! -exclamó-
¡Vuelve nuestra guardiana... y no está sola!
- Mi señor... -Imabot se arrodilló
ante el emperador- He cumplido con la misión encomendada.
- Gracias, Imabot. Tus servicios serán recompensados. ¡Llevadla
al taller!
- ¿El taller? -pregunté extrañado.
- Para borrarle la memoria, ¿recuerdas?
-me respondió Imaginación.
- Ah, es cierto...
Cuatro guardias personales del emperador escoltaron a Imabot hacia una puerta situada a la derecha. Desaparecieron por ella.
- Emperador Yonax
-habló Ima-, ya estamos todos aquí. Dispuestos
a escuchar lo que tenga que decirnos.
- Algunos más dispuestos que otros... -murmuró
Lado Oscuro.
- No creo que sea el momento más adecuado para
decir sandeces -le avisó Ima mirándole fijamente.
Daba miedo. MIEDO en mayúsculas. ¿Cómo si no explicar que Lado Oscuro no abriera más la boca en la hora siguiente?
PRÓXIMO EPISODIO
La Calma que Precede a la Tormenta