TEMPORADA 3 / EPISODIO 6

MEGAPERSECUCIÓN ESPACIOTEMPORAL

Me sentía como el cargador de un móvil.

- Ya puedes soltarte -me dijo Imaginación, cuya voz había vuelto a la normalidad. Le hice caso y abrí los ojos; respiré aliviado, pues ninguno de los dos había sufrido cambios físicos. Ya me imaginaba a Ima convertida en Son Goku en cuarta transformación...
- Esto... ¿ha ido todo bien? -le pregunté. Tenía el cuerpo un poco dolorido, pero lo disimulaba.
- No estoy segura, Dani... -Ima parecía preocupada- He intentado crear un campo de fuerza alrededor del perímetro del castillo, para protegernos. Pero... en el último segundo, he notado algo extraño.
- ¿Extraño como qué?
- Tengo que comprobarlo...

Ima abandonó el altar y puso su mano en una pared de la cúpula. Al instante se abrió una ventana, que hasta ese momento había permanecido perfectamente oculta. Ima lanzó un grito de terror.

- ¡Lo sabía! ¡Hemos actuado tarde!

Me asomé por la misma ventana. Se podía ver bastante bien el campo de batalla, cubierto en gran parte por una burbuja violeta...

... dentro de la cual, todo estaba completamente inmóvil y en absoluto silencio. Incluídos los Freakers. Era fácilmente deducible que Carisma había detenido el tiempo en esa zona.

- ¡YONAX! -bramó la poderosa voz de Carisma, más imponente que nunca-. ¡Tu ejército está a mi merced! ¡Ya sabes a qué he venido! ¡No cometas otra estupidez!
- Agárrate a mí -me dijo Ima, repentinamente seria.
- ¿Piensas bajar? No creo que sea una buena idea -opiné.
- Pero es la única que hay. ¡Vamos, agárrate! -ella me ofrecía su brazo derecho.

No tuve más remedio que obedecer, visto lo visto. Me agarré a su brazo, y ella me apretó fuertemente con el otro. Sin previo aviso estábamos en el exterior, descendiendo a velocidad de vértigo. No grité, pues tenía plena confianza en Imaginación.

- ¡Mierda, nos ha visto! -exclamó Ima- ¡Sujétate con todas tus fuerzas!

Así lo hice, agarrado con firmeza a su cintura. Al momento, su cuerpo comenzó a brillar de nuevo y un pequeño campo de fuerza, azul traslúcido, surgió alrededor nuestro. Justo a tiempo para detener el rayo violeta que acababa de lanzarnos Carisma, lo cual, lógicamente, le había enfurecido.

- ¡Es inútil, Carisma! -gritó ella- ¡Mi poder contrarrestra al tuyo! ¡Ríndete y libera a los nuestros inmediatamente!
- Niña tonta... ¡no sabes el error que estás cometiendo! -replicó Carisma.
- Oh si, sé perfectamente lo que hago. ¡No conseguirás engañarme con tus trucos!
- ¡Maldita sea, no entiendes nada! ¡Es Yonax quien te ha engañado! ¡Imaginación, YO TE CREÉ!

¿Era posible que hubiera escuchado esas palabras? Por desgracia si...

- Carisma -intervine-, no te conozco lo bastante para estar seguro, pero creo que se te ve el plumero, macho...
- Tú Dani... si supieras quién eres realmente... -de pronto Carisma vio algo cerca, donde estaban los Freakers, congelados en el tiempo-. ¡No! ¿Qué le habéis hecho?
- Ejem... ¿hecho a quién? -pregunté desconcertado.
- No... -Carisma parecía estar a punto de perder los estribos- ¡No dejaré que me lo quitéis de nuevo! ¡No pienso consentirlo!

Una nueva burbuja violeta de energía surgió detrás suyo. Todos los freakers se vieron arrastrados hacia ella.

- ¡Volveré Yonax! ¡Lo juro! ¡Pagarás por esto! -gritó Carisma, que ya empezaba a desaparecer en el portal.
- ¡Se escapa! -exclamó Ima- ¡Si salta a otra época le habremos perdido para siempre! Dani, ahora más que nunca, no te sueltes...
- ¿Eh? ¿Por qué?
- ¡Porque allá vamos!

Y saltamos al interior de la burbuja. El campo de fuerza de Ima nos protegía, pero aún así, ambos notamos la desagradable sensación de un viaje espaciotemporal. No es tan bonito como lo pintan. Es como si vivieras y murieras mil millones de veces en medio segundo. Como si las mentes de todos los habitantes del universo, a lo largo de todas las eras habidas y por haber, intentaran hacerse un hueco en el cerebro. Carisma debía de ser todo un experto para poder deslizarse de esa manera por la cuarta dimensión. Sólo veíamos cientos de millones de puntos de colores a nuestro alrededor. Era increíblemente mareante.

- ¡¿A dónde vamos, Ima?! ¡¿Sabes dónde... o cuándo demonios está?! -grité.
- ¡Creo que he detectado su rastro! ¡Está saltando a diferentes lugares y épocas para despistarnos! ¡Probemos aquí!

"Aquí" es bastante relativo, pues no veía nada... hasta un segundo después. Estábamos en un bosque de árboles enormes, que me vi incapaz de identificar. Tampoco es que sea un experto en botánica.

- ¿Y bien? ¿Qué es este lugar? -pregunté.
- Creo que Carisma ya nos ha dado esquina... ¡cuidado, agáchate! -exclamó Ima tirándome al suelo.

Una moto voladora pasó por encima de nuestras cabezas. Luego otra. Y otra. Uno de los pilotos llevaba un arma de energía que... no... no podía ser cierto...

- ¡Es Luke Skywalker! -grité- ¡Estamos en Endor! ¡Hay que salir de aquí!
- ¡Le tengo localizado! ¡Vamos! -anunció Ima.

Y volvimos a estar rodeados de colorines. No le pregunté cómo se las arreglaba para viajar en el tiempo, pero supongo que el hecho de que fuera una semidiosa capaz de lograr lo imposible, por irracional que fuera, lo explicaba todo.

Esta vez aparecimos en una oscura habitación. Parecía de un diseño bastante futurista. Por una pequeña ventana lateral podía verse la Tierra... aunque no estábamos muy seguros. Tenía un aspecto extraño. De pronto se abrió una puerta, y entró un hombre con un traje marrón, de una fibra parecida al algodón, y con una cenefa de estilo griego y color beige cruzándole el pecho. Le seguía un grupo de algo que, con un poco de esfuerzo, podía identificarse como periodistas.

- ¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí? -preguntó el hombre de marrón.
- ¡Señor Storm! ¿Hay un fallo de seguridad en la estación Colossus? -le preguntó una periodista.
-
¿Teme que Shimart planee hacer algo en la inauguración del Hawking? -preguntó otro hombre.
- Ima, creo que aquí no está -le dije a ella.
- Yo tampoco. ¡Sigamos buscando!

Ante la atónita mirada de los presentes, desaparecimos. ¿A dónde iríamos a parar esta vez?

Era el campo, no había duda. O al menos, una simulación holográfica muy parecida, pero no era como para ponerse más paranoicos de lo que ya estábamos. Hay ciertos límites, como los de Fox Mulder, por ejemplo.
- ¡Meda! ¿Quién demonios son?
Ima y yo nos giramos. Había dos jóvenes (chico y chica) de estatura tremendamente escasa y piel azul, mirándonos con asombro. El que había hablado era el chico. Por el vozarrón, supongo.
- ¡Y yo qué sé, Tali! -exclamó Meda- ¡Primero aparece un Escultor, como si tal cosa, y ahora estos gigantes, saliendo de una burbuja de energía!
- El mundo se acaba, hermanita... -murmuró Tali.
- ¡No si encontramos el meteorito! ¡La esperanza siempre vive! -exclamó Meda.
- Errr, disculpad... -les interrumpí-. ¿Habéis visto por aquí a un hombre con un anillo violeta capaz de abrir portales espaciotemporales?
- ¡¡NO!! -respondieron al unísono.
- Pues vámonos, Ima...
Y nos largamos. Así, por las buenas. No es que fuera una visita increíblemente instructiva, pero en fin, dadas las circunstancias...

- ¡Dani, creo que ya le tengo! -anunció Imaginación- ¡Ha conseguido engañarme hasta ahora porque se ha ocultado en un lugar que está FUERA del tiempo!
- En otras palabras... quieres que me agarre más fuerte todavía, ¿no?
- ¡Bingo!

Fue peor que atravesar un tornado F5. Peor que ser destripado y recompuesto de nuevo. Pero finalmente, aparecimos en mitad de un salón gigantesco, de estilo medieval, con largas y bien esculpidas columnas. Recordaba vagamente al salón del trono de Yonax...

Y hablando de tronos, había uno al fondo. Y en él estaba Carisma. Imaginación levantó el campo de fuerza por precaución.

- Eso ha sido una temeridad -dijo Carisma lanzándonos una mirada de seriedad absoluta-. Sólo he ocultado mi rastro por si alguien te forzaba a seguirme, Imaginación, pero veo que aún así, habrías llegado hasta aquí sin problemas. Supongo que te subestimé... oh, por favor, baja ese campo de fuerza. No sufriréis daño de ningún tipo.

Había algo en su tono. Algo que inspiraba calma y tranquilidad.

- Dinos una sola razón por la que tengamos que hacerte caso -le pedí, muy nervioso.

Carisma sonrió. Era una sonrisa extraña. No era maligna. Parecía estar... orgulloso de lo que veía.

- Es sencillo, Dani -contestó, con una solemnidad que hacía temblar. Inspiraba mucho más respeto que Yonax-. Nadie puede haceros daño aquí, porque este es vuestro hogar.
- ¡¿Nuestro hogar?! -gritó Ima- ¡¿Pero qué dices?!

Tras inspirar profundamente, y con una lágrima resbalando por su mejilla, Carisma dijo:

- Os he echado de menos, hijos míos...

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