Prólogo Principal

Cuando los Estados Unidos de América fueron destruidos, aniquilados, incinerados, desintegrados y arrojados a un pozo de olvido absoluto del que no saldrían ni en un trillón de años, otros dos hechos importantes ocurrieron en el resto del planeta.

El primero, la madre de todas las juergas.

Y el segundo, una vez se calmaron los ánimos, fue una única pregunta que se extendió por todas partes, como el viento (o como el virus de la gripe, según se prefiera): ¿quién lo había hecho?

La primera teoría apuntaba a los Dioses. Sólo unos seres tan increíblemente poderosos, podrían reunir energía suficiente para borrar del mapa a toda una nación. Sin embargo, esta teoría fue descartada con rapidez, debido a que, si bien tenían poder de sobras para hacer eso y más, nadie parecía haberles provocado. Además, se supone que son los buenos de la película.

Así que la gente le echó la culpa a los Diablos. Parecía mucho más plausible, porque todo el mundo sabe que los Diablos son lo peor, lo más malo que existe. Pero esta teoría tampoco aguantó mucho, pues a pesar de la maldad innata de estos seres y de sus métodos políticamente incorrectos, nunca cometerían la estupidez de eliminar a millones de fieles en potencia. Y menos en semejante país.

Entonces surgió la tercera y más endeble de las teorías, la que señalaba como máximos culpables a los Superhéroes. Nadie estaba dispuesto a creer que esas personas, esos portavoces de la bondad y la justicia a lo largo y ancho del planeta, podían haber hecho algo así. Ni siquiera los supervillanos más cafres tenían poder suficiente para provocar una barbaridad como aquella.

En ese caso, ¿a quién más se le podía echar la culpa?

Podían ser mil cosas. Un meteorito, una erupción masiva de volcanes, un hundimiento de la corteza terrestre, la apertura de un enorme portal hacia otra dimensión...

... o puede que esconder todo el arsenal atómico de la nación bajo tierra para evitar una inspección de la ONU, encargando después su seguridad a un borracho psicópata capaz de confundir el botón nuclear con una galleta salada, no fuera, después de todo, una buena idea.

Sea como sea, la vida sigue. Y los humanos mantienen firme su fe.

Pero... ¿en quién?


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