Episodio I
Un Lugar en el Mundo

Versión Superheróica


Hablemos de poder. Del auténtico.

Manifestaciones divinas (o diabólicas) aparte, el tercer ser humano más poderoso de todos los tiempos nació en el año 2364 AC. Era capaz de emplear una versión muy evolucionada de la telekinesis, llegando a levantar y mover objetos de tamaño inconmensurable. Los arqueólogos aún no han resuelto el mayor enigma de Egipto: realmente, ¿las Pirámides están del derecho o del revés?

El segundo ser humano más poderoso de todos los tiempos aún no ha nacido, ni lo hará hasta dentro de siete milenios. Desde el momento en que vea la luz, esta no volverá a ser la misma durante una buena temporada: los fotones se moverán erráticamente, el mundo cambiará de color según el día de la semana y la oscuridad emitirá grotescos sonidos corporales. Será una época de lo más interesante.

El ser humano más poderoso de todos los tiempos vive en la actualidad. Y por increíble que parezca, no es consciente de ello. Sabe que tiene mucho poder, pero ni se imagina hasta qué punto.

Y ahora hablemos de meteorología.

Cada año, puntualmente y siempre llegando en primavera, un fenómeno insólito tiene lugar en el Golfo de Carpentaria, al norte de Australia. Se le conoce como Gloria Matinal. Se trata de una nube alargada con forma de ola, de más de mil kilómetros de ancho, que se desplaza rápidamente por el cielo. En su interior, por razones desconocidas, se desata una energía equivalente a la de varias centrales nucleares combinadas.

Helen Turner, una joven australiana, conocía bien ese dato. Por eso eligió Morning Glory como su nombre de Superheroina. Porque ella era modesta y, en el fondo de su alma, sospechaba que esa energía desatada era un suspiro en comparación con lo que ella podría llegar a hacer.

Helen era el ser humano más poderoso de todos los tiempos. Y no lo sabía.

Por supuesto, su novio tampoco.

- ¿A ti también te ha gustado la idea de Eiko, Rashid? -dijo Óscar.
- ¡Pues claro! Es una casualidad increíble... -Rashid estaba sentado, mirando hacia arriba- Oye, este techo necesita una mano de pintura, ¿no?

Todo héroe que se precie necesita una base de operaciones, y más cuando no trabaja solo. Los cuatro únicos humanos con poderes que sobrevivieron a la catástrofe, habían decidido buscar un hogar común. Tras rechazar un castillo en Europa (por haber pertenecido a un villano que, al parecer, tenía la cara muy dura), y un refugio bastante fresquito muy, muy, pero que muy al norte, los cuatro héroes encontraron el lugar perfecto.

- No creo que "una mano" sea lo más adecuado... -murmuró Eiko.
- Es cierto, habría que llamar a alguien que entienda de esto -comentó Óscar-. Es una pena que le estén saliendo grietas. Con la de tiempo que lleva ahí...

Helen no decía nada. En algún lugar en lo más profundo de su cerebro, algo le decía que no sólo podría reparar los desperfectos en el techo, sino también dar vida a las pinturas e irse de juerga con ellas.

Aunque en otro tiempo, eso habría sido todo un sacrilegio.

- Te felicito, Eiko -dijo finalmente Helen, sonriendo levemente-. Y el logo para el grupo es muy acertado... aunque no me veo vistiéndome de carnaval con ese símbolo.
- Eh, vamos Helen, estamos en el siglo XXI -Óscar abrazó a su novia-. ¿No podemos dejar atrás la era de los trajes de colorines?
- ¿Y qué propones, Óscar? -se interesó Rashid.
- Brazaletes. Con ese símbolo. Mucho más elegante, y podremos seguir vistiendo como gente normal.

Aunque no toda la "gente normal" viste como Óscar. Lleva una chupa de cuero y una camiseta de Manowar, y luce una respetable melena de tono castaño. Su nombre completo es Óscar Miramar. Nació en Barcelona y, desde el día en que descubrió que podía volar y crear vientos de una fuerza terrible, no se lo pensó dos veces a la hora de juntar sus gustos musicales con sus poderes, adoptando el nombre de Master of the Wind. Desmontando todos los tópicos, Óscar era un heavy de lo más tranquilo. O sea, realmente como casi todos.

Eiko Ezaki, nacida en Osaka, tampoco vestía "normal". Le encantaba llevar siempre vestidos de noche orientales y tenía el pelo teñido de rosa. Todo con la excusa de que era una Superheroína y tenía que demostrarlo. En realidad, la pobre Eiko lo hacía por una necesidad muy humana: era un truco para llamar la atención de los hombres, pues su poder de controlar la tierra y provocar terremotos los espantaba a todos. Se la conocía más como Quake, un nombre bastante acertado.

Rashid vestía muy ligero: un simple chaleco de piel, que no tapaba ni la tercera parte de su pecho. Sus padres estaban hartos de que su impresionante musculatura siempre acabara rasgando cualquier camisa que le colocaban, así que decidió vestir sólo con sus pantalones, porque todo el mundo sabe que son indestructibles (o eso dijo el hombre verde que se los prestó, poco antes de morir en el holocausto nuclear). Rashid Adams, de Sudáfrica, se consideraba una persona alegre y despreocupada, menos a la hora de ayudar a inocentes en apuros. Combinaba dos famosos poderes: supervelocidad y superfuerza. Era Black Warrior. Y era calvo.

Y en cuanto a Helen Turner, alias Morning Glory, del norte de Australia, era la única que podía decirse que vestía "normal". Una muestra más de su modestia pero que, dicho sea de paso, no le impedía ser la líder del grupo. Llevaba pantalones de cuero marrón, y una camiseta azul con el dibujo de un rayo plateado, un indicativo de que controlaba la electricidad. Aparte de eso y de su, para ella, desconocida condición de semidiosa, lo cierto es que Helen era una chica bastante atractiva. Tenía el pelo rubio, rizado y largo, y unos ojos azules preciosos.

Helen Turner. Eiko Ezaki. Rashid Adams. Óscar Miramar. Si tomamos la primera letra de los nombres y la primera letra de los apellidos, en ese orden, el resultado es la propuesta de Eiko que tanto había gustado a los demás: HERO TEAM. Y ese sería el nombre del grupo a partir de entonces.

- Buena idea, cariño -contestó Helen, sonriendo a Óscar-. Y ahora hay otro asunto del que quería hablaros.
- Oye, ¿se llegan a tocar? -preguntó Eiko, repentinamente, mirando hacia arriba.
- ¿Eh? ¿A tocar el qué? -preguntó Rashid.
- Ya sabes... como en ET.
- Ya hablaremos de eso después -interrumpió Helen, suspirando.

Eiko era la más joven, con diferencia. Tenía cierta dificultad para prestar atención a según qué cosas. Bueno, lo cierto es que Eiko podía pasar de la calma y la seriedad absolutas a la histeria apocalíptica en cuestión de segundos. Esa era otra de las razones por las que sus novios no le duraban ni una semana.

- Ya sabeis lo que ocurrió ayer -continuó Helen-. A los Dioses les ha salido el tiro por la culata reuniendo a tanta gente, y los Diablos han hecho el ridículo irrumpiendo a lo bestia en la Cumbre.
- ¿Y qué? -preguntó Rashid- Eso a nosotros ni nos va nos viene...
- No estés tan seguro, Rashid.
- ¿De qué hablas, Helen? -preguntó Óscar.
- Sí, creo que sí se tocan...
- ¡Eiko, presta atención! -exclamó Helen, algo enfadada. Era difícil lograr eso, lo cual podía considerarse una gran suerte para la humanidad, teniendo en cuenta su inmenso poder oculto-. Hablo de política, chicos. Ahora la gente ya no confía tanto ni en Dioses ni en Diablos. Puede que esta sea nuestra oportunidad...
- A ver si lo pillo... se trata de hacer que la gente empiece a fiarse de nosotros de una puñetera vez, ¿no?
- ¡Claro, Óscar! -exclamó Rashid- ¡Recuperaríamos nuestro lugar en el mundo! ¡Como en los viejos tiempos!

Óscar se paró a pensar. No podía decirse que antaño las cosas fueran mucho mejores. Los Superhéroes hacían su trabajo y luego los Dioses monopolistas borraban sus logros de la memoria de la humanidad. Le hubiera gustado saber dónde residían esos héroes.

Porque vivir en la Capilla Sixtina era, como mínimo, pintoresco.

- Ahora empiezo a dudar otra vez -dijo Eiko-. Creo que le faltan un par de centímetros para tocarse los dedos... Óscar, ¿puedes elevarme hasta ahí para verlo mejor?
- Luego, Eiko -contestó él-. Helen, ¿qué crees que debemos hacer, entonces?

Helen comenzó a explicar su idea.


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