Episodio II
Cuestión de Fe

Versión Superheróica


Y Óscar miró a su alrededor.

No tenía la menor idea de hasta qué montaña había volado, posándose con suavidad en la cima, pero la vista era espectacular. Ciertamente, la geografía nunca había sido su fuerte. De lo que estaba seguro, no obstante, es que aquello no era el Everest. Por lo demás, le importaba un comino.

Desde hacía un tiempo, Óscar no volaba solo. Concretamente desde que conoció a Helen. Ella no podía volar (sí, bueno, ya se ha explicado que Helen oculta un poder inmenso cuya existencia, por fortuna o por desgracia, desconoce por completo), así que Óscar solía agarrarla y apretarla contra él con fuerza (con todas las ventajas que ello conlleva), o cogerla de una mano para poder surcar el cielo juntos.

Y en el cielo se sentían ahora los dos.

- Hace un poco de frío... -murmuró Helen.
- Lo dices para que te abrace más fuerte, ¿no?
- Mmm... también...

Si la vida fuera como en las películas, aquí sonaría un lento y romántico tema musical interpretado por una flauta. Mientras, la cámara alternaría entre planos del atardecer y de la pareja de superhéroes, desde diferentes ángulos. Se habían sentado sobre la hierba; Óscar atrás y Helen delante, recostada de espaldas sobre el cuerpo de su novio mientras este la abrazaba. Una escena de lo más tierna...

- Joder, qué mierda, vamos a quedar como el culo...

Debido a su especial naturaleza, Helen no había tenido mucho tiempo para aprender sobre romanticismos. Aparte que, al igual que Eiko, su poder eléctrico asustaba a todos los posibles candidatos a ser su novio. La verdad es que Helen había crecido odiando las novelas rosas y las telenovelas. Quizá por eso se había sentido tan atraída por alguien como Óscar. Esto no quiere decir que él no fuera romántico, ni mucho menos; es sólo que a veces, un odio mútuo puede unir a dos personas.

Sin olvidarnos de la necesidad pura y dura, claro.

- Nah, no pienses en ello ahora -le respondió Óscar-. ¡Y ten más confianza en ti misma, joder!
- Lo intento, créeme... -continuó Helen, preocupada. Luego suspiró-. Me parece que tengo el síndrome de la jefa novata. Me da miedo que mi plan no funcione...
- Todos cometemos errores, nena. Incluso los Dioses y los Diablos.
- Pero ellos son inmortales...
- Por no mencionar que son mucho más poderosos que nosotros.

Durante una leve fracción de segundo, Helen dudó.

- Hum... sí, claro... -respondió finalmente-. A eso me refiero. ¡No somos rivales para ellos!
- Te equivocas, Helen -Óscar se puso serio-. Es la gente la que decidirá si valemos o no. Grandes religiones han caído a lo largo de la historia, y los Superhéroes siempre hemos sobrevivido. Con dos cojones.
- ¡Ja! Te recuerdo que los Dioses nos borraban de la mente colectiva de la humanidad y se atribuían los méritos.
- Y lo pagaron, como ya sabes -añadió Óscar-. Una pena. Me gustaría haber conocido al Dios del metal...
- ¿Hefestos?
- ... HEAVY metal. Manowar. Puta gira americana...
- Oh.

La verdad es que Óscar no hablaba mucho sobre ese tema. No es que sólo le gustara Manowar, pues había muchos otros grupos en su lista de favoritos, pero eligió su nombre de superhéroe en honor al único de esa misma lista que había desaparecido en la catástrofe nuclear.

- De todos modos -continuó-, estos nuevos Dioses son distintos, como ya sabes.
- Eso es lo que más me desconcierta. Parecen muy... humanos.
- Los tiempos cambian, nena -Óscar deslizó sus manos entre los cabellos de Helen.
- Algunas cosas no -Helen sonrió y cerró los ojos-. Por fortuna...
- Mantén los ojos cerrados.
- ¿Eh? -se sorprendió Helen.
- Considéralo una cuestión de fe... -le susurró su compañero.

Hasta este momento, Óscar podría haber pasado por un ser humano bastante normal. Agarró a Helen con fuerza, por la cintura, manteniéndola de espaldas a él. Y entonces, sin mediar palabra, Óscar alzó el vuelo con suavidad, elevándose hacia el cielo sujetando firmemente a su novia. Ascendieron unos veinte metros.

- ¿Puedo abrir ya los ojos? -preguntó Helen, con la respiración agitada.
- Aún no -le susurró Óscar al oído-. Quiero que hagas... lo que hemos hablado antes. Una prueba.

Helen le comprendió y volvió a sonreir. Acto seguido apuntó su mano derecha hacia el suelo.

- ¿Estás lista? ¿Crees que podrás hacerlo?
- ¡Oye! ¿Te pregunto yo si puedes volar? -se quejó ella, riendo.

De la mano de Helen surgió un potente rayo eléctrico que impactó con fuerza en la hierba. Pero no era, desde luego, un rayo muy natural, pues la energía brotaba sin cesar y se movía de un lado a otro con bastante precisión. Transcurridos unos quince segundos, Helen cerró el puño y la energía desapareció.

- Bueno... -suspiró- ¿Qué tal lo he hecho?
- Míralo tú misma...

Helen abrió los ojos y miró hacia abajo.

- ¡Sí! -exclamó- ¡Toma ya! ¡Superad eso, Dioses de pacotilla!
- Sssshh... calla, que igual te oyen... -le recordó Óscar.
- Ups...

A base de quemar la hierba, Helen había grabado un símbolo en el suelo. El del Hero Team.

- Aunque bien pensado, que les den morcilla -continuó, moviendo a su compañera con delicadeza, para que estuviera de cara hacia él-. Tú eres mi única y auténtica Diosa, nena...

Fue un beso bastante espectacular. Especialmente por el escenario y las circunstancias. Y también porque, para alegría de Óscar, Helen besaba de maravilla.

- ¿No prefieres que sea tu Diablesa? -dijo después Helen, en tono provocativo.
- Je, je... prefiero que seas tú.
- Entonces... ¿qué hacemos?
- Seguir con el plan, Helen. Lo conseguiremos. Confío en ti.

El sol ya se había puesto minutos antes. El frío aumentaba por momentos.

- Gracias... vamos Óscar, volvamos a casa -le pidió dulcemente-. Hay mucho que hacer.
- Sí, ya va siendo hora... er...
- ¿Qué ocurre?
- Mmm... -Óscar se puso nervioso- nada, salvo...
- ¿Salvo qué?
- Esto... nena... ¿tú tienes idea de dónde cojones estamos?


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