R E U N I Ó N


Sabiendo que los iba a necesitar, cogió el paraguas y el abrigo y empezó a caminar hacia el punto de encuentro. No se equivocaba, pues el día había amanecido lluvioso, aunque no era una de esas lluvias casi torrenciales, muy típicas de la época del año; parecía que un pañuelo mojado gigante fuera escurrido por una mano, y que las gotas cayeran lentamente sobre la calle en la que se hallaba. Se paró un momento a pensar en esa "absurda" idea... y sonrió.

Cruzó un par de calles, llenas de gente abrigada y con paraguas (como él), hasta que finalmente llegó al punto de encuentro: el "Bar-Café Limbo". Tras dejar sus cosas en una percha colectiva, se puso a buscar la mesa donde se hallaba Snake... y mientras buscaba, recordó el porqué de ese nombre: era secreto, como el suyo, para que nadie de alrededor se extrañara al oir sus verdaderos nombres. Él había escogido el nombre de Christopher.

Finalmente lo encontró: no parecía muy nervioso, teniendo en cuenta que había llegado quince minutos tarde. Cuando Christopher se sentó en la otra silla de la mesa, dijo:

- Siento llegar tarde Snake, pero tenía cosas que hacer.

Snake no dijo nada; se quedó mirándolo y sonrió.

- ¿Por qué sonríes? -le preguntó Christopher.

- Porque siempre tienes cosas que hacer -contestó Snake.

- ¿Qué quieres decir?

- Lo que quiero decir es que no entiendo cómo es que siempre estás rodeado de trabajo... y sin embargo, el mundo sigue igual. Si no fuera porque cada vez más gente confía en mí...

- ¡Para el carro! ¿Estás insinuando que yo no hago nada por la Tierra?

- Pues... ahora que lo dices... SI -contestó Snake irónicamente-. Vamos a ver... ¿cuándo tuvo lugar tu última intervención? ¿En los años 20? ¿En el siglo XVIII? ¿Antes de que Cristobal Colón descubriera América...?

- Fue el año pasado -interrumpió Christopher-, cuando envié a uno de mis agentes para que salvara a un niño en peligro, que estaba a punto de caerse en un pozo.

- Vaya, vaya... perdona que te diga algo: eres PATÉTICO.

- ¡¿Cómo dices?! -preguntó Christopher indignado.

En ese momento, una serie de rayos estallaron en el cielo.

- Eh, contrólate o provocarás una catástrofe en la ciudad -advirtió Snake.

- De acuerdo, de acuerdo. Pero ahora explícate: ¿por qué dices que soy patético?

- Por lo que haces; antes, milenios atrás, eras infinitamente más activo que ahora: sólo con pensarlo, cambiabas el aspecto de paises enteros; en cambio, hoy en día te has convertido en algo abstracto, algo casi inexistente, vacío. Aún así, hay millones de necios que siguen adorándote, ignorantes de lo que eres realmente.

- De acuerdo, he cambiado, pero... ¿qué me dices de tí?

- Yo también era diferente, lo admito, pero eso se debe a que trabajaba para tí... ¡y mírame ahora! ¡Sólo con que me permitieras actuar un poco más, todo el mundo me adoraría! Pero no sólo no me dejas trabajar a gusto, sino que además gastas tiempo y energías en impedírmelo... y por eso digo que eres patético.

Christopher calló por un momento y luego dijo:

- Quizá tengas razón, Snake. Puede que yo no sea el más adecuado para gobernar este planeta, pero sabes perfectamente que no sólo me encargo de la Tierra...

- Eso es cierto, ¿no crees que deberías prestar un poco más de atención a los humanos? Ellos quieren creer en un ser superior, en alguien a quien adorar... y en los últimos siglos casi no has dado pruebas de tu existencia...

- ... y a pesar de eso, aún creen en mí -dijo Christopher acabando la frase.

- Y en mí también -añadió Snake sonriendo.

- Si... y mientras que tu popularidad está en alza, la mía sigue exactamente igual que hace siglos... e incluso está empezando a bajar, por culpa de esas otras religiones que han aparecido -se llevó una mano a la cabeza-. Oh, vaya... ¿en qué he podido fallar?

- Si te lo explico... ¿prometes no lanzarme rayos ni desencadenar el Apocalipsis?

- Claro, tienes mi palabra...

- Pues mira: creo que te falta publicidad.

- ¿Cómo dices?

- Fíjate en mí: he creado mi propia religión, mis propias tradiciones, mi propia música... y no se lo digas a nadie, pero actualmente estoy trabajando en mi propio libro sagrado.

- Pero todo eso lo haces... ¿cómo lo llaman los humanos? Ah, si: subliminalmente...

- ¡Pues claro! ¿Qué pretendes que haga, si no me das más recursos?

Christopher le miró detenidamente y dijo:

- ¿Lo ves, Snake? Incluso habiéndote despedido, aún dependes de mí.

- No, no lo has hecho... si fuera así no dependería de tí, como has dicho.

Se hizo un silencio sepulcral.

- ¿Y qué quieres entonces? -preguntó Christopher- ¿Libertad total? ¿Que te deje hacer todo lo que quieras? ¿Es que llevo la palabra "ESTÚPIDO" escrita en mi frente?

- "ESTÚPIDO" no, pero "CABEZOTA" si. Estás empeñado en ser siempre el señor supremo de este planeta, y te aseguro que esa tozudez acabará siendo tu perdición.

- ¿Me estás amenazando, Snake?

- Eso ni loco. Me refiero a que tarde o temprano, los humanos perderán la confianza en tí... y como voy a remolque tuyo, yo también acabaría siendo olvidado. ¡Por favor! Mira lo que le has hecho a este mundo: ya hay mucha gente que no cree en nosotros.

- Abreviando: me estás sugiriendo que deje mi puesto a otro... no necesariamente a tí.

- Has dado en el blanco. Además, no sería tan raro: muchos seres supremos como tú han dimitido de sus cargos y otros los han ocupado. De hecho, tú estás cerca de batir el récord de permanencia en un solo planeta... ¡más de 6000 años!

- Tienes razón en eso de que hay seres supremos que han dimitido, pero... ¿recuerdas lo que les pasó a sus respectivos mundos mientras se sucedía el trono?

- Si: un gran espectáculo de luz, guerras... y sobretodo, pruebas irrefutables de que existen los seres supremos.

- Hablando de guerras... es por ese motivo que te he vigilado más últimamente.

- Las guerras son necesarias e inevitables, lo sabes de sobras...

- Si, lo sé, pero... ¿no crees que te excediste demasiado al provocar la Segunda Guerra Mundial? ¡Murieron más de 38 millones de humanos!

- Te equivocas en algo: yo provoqué la guerra, pero las armas y la bomba atómica las crearon ellos; desaté ese conflicto porque ví que no tenías ni las ganas ni el valor como para desatarlo tú. Era necesario, pues el mundo se había convertido en una especie de... infierno.

- Infierno... ¡je! -Christopher sonrió- Esa es otro problema tuyo: te inventas mitos.

- Eres un hipócrita: ¿me he quejado alguna vez de que te inventaras esa patraña de Adán y Eva? Al contrario, te dije: "buena historia, se convertirá en un clásico". Además, ¿no crees que debería existir realmente un infierno para los seres de corazón malvado?

- Lo he pensado mucho últimamente, créeme. Otros seres supremos lo crearon para sus planetas, y a la mayoría les funcionó bastante bien. Además, el castigo que se realiza es sólo temporal, no eterno como dices tú. Porque realmente, un castigo, si es eterno, acaba convirtiéndose... no en un placer, sino en algo sin lo cual no se puede existir.

- Ya, pero ese infierno eterno lo inventé con el mismo fin que el mito de Adán y Eva: convertirlo en un "best-seller". Y no te enfades, pero creo que ya he "vendido" más que tú.

- Si, realmente creo que estudiaré a fondo eso del infierno temporal... el sistema que uso actualmente no me acaba de gustar: eso de que TODOS los humanos tengan recomensa eterna... no es justo, no señor. A algunos, los más malvados, les aplico un pequeño castigo antes de entrar en el Paraiso, pero no es suficiente.

- Así que... ¿te parece buena idea? -preguntó Snake con los ojos clavados en Christopher.

- Claro. Nunca he dicho que fuera mala...

- Eso de lo malo... y lo bueno... me recuerda que tú sigues siendo un "héroe" para los humanos, y en cambio yo soy el malo de la película. Por eso he pensado... ¿podría seguir siendo el malo?

- ¿Qué? No te entiendo...

- Lo que quiero decir es que, si finalmente construyes el infierno, me gustaría dirigirlo yo mismo. Eso si, no sería tan duro como me he "representado" ; podría tener una imagen entre tirano y "coleguilla".

- Ya entiendo: más tirano para los humanos más peligrosos, los que hacen el mal sólo por gusto, y más "coleguilla" para los ignorantes, los que no pueden entender la diferencia entre lo que es bueno y lo que no.

- Me has leído el pensamiento.

- Así que... ¿te hace el trato? -dijo Christopher levantándose de la mesa.

- No, aún no. Falta algo.

- A ver... ¿de qué se trata? -volvió a sentarse.

- Prométeme que harás todo lo posible para prestar más atención a este planeta.

- Prometido. Palabra de ser supremo.

- ¡Venga esa mano!

Ambos la estrecharon y sonrieron. En ese momento dejó de llover, y los rayos del Sol empezaron a vislumbrarse entre las nubes.

- ¿Te vas a casa?

- Bueno... mi casa es el mundo, no tengo un lugar fijo, ya sabes.

- En ese caso... ¿te apetece venir conmigo?

- ¿Para qué?

- Quiero que seas testigo de que a partir de ahora voy a dar más razones de mi existencia.

- ¡Eso no se dice dos veces! ¡Venga, vamos arriba!

Snake y Christopher salieron del local y entraron en un callejón oscuro y vacío. Una vez allí, sus cuerpos se convirtieron en luz y desaparecieron.

Sin saberlo, los humanos que en aquel momento comían y bebían en el "Bar-Café Limbo", habían sido testigos de la discusión más importante de todos los tiempos... al menos en su propio planeta: la protagonizada por Dios, el señor supremo de la Tierra, y por Satanás, un antiguo empleado, mal interpretado por la humanidad.

F I N