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Geonosis
Geonosis

Obi-Wan desvió un instante su mirada hacia la ventana frontal de la nave. Ahí estaba, majestuoso, brillando en la profundidad del espacio, el planeta Geonosis . No había muchos planetas de ese tamaño con anillos propios.

Volvió a centrarse en la grabación holográfica que tenía delante. Por desgracia tenía muchas interferencias y tanto la imagen como el sonido eran de una calidad bastante pobre, pero podía distinguirse a un geonosiano asustado, suplicando ayuda.

- ¡Se... bzzz... suplico! ¡Bzzz... ayuda! ¡Nos... bzzzz... bzzzzz... peligro... bzzz...!
- ¿Algún problema, Obi-Wan?

Era el maestro Yoda, que había entrado en la cabina del piloto. Es decir, Obi-Wan. Sólo ellos viajaban en el velero solar Alpha, una reliquia de tiempos remotos. A los jedis les gustaba por varios motivos: era sencilla, lo cual definía bastante bien su estilo de vida. Tampoco tenía armamento, pues no lo necesitaba en esos tiempos de paz, en los que la única arma que poseían era su espada . Y su peculiar diseño la hacía indetectable a los radares, lo que la convertía en una nave ideal para misiones secretas. Sólo hubo que añadirle hiperimpulso para poder viajar de un sistema a otro .

- No, maestro Yoda -contestó Obi-Wan-. Sólo intento averiguar qué puede haber motivado a este geonosiano a enviar la señal...
- Precisamente a eso venido hemos -replicó Yoda-. Impaciente no seas, Obi-Wan Kenobi .
- Sí... lo siento, maestro -carraspeó incómodo. Después se sentó a los mandos de la nave y estudió varias pantallas-. Parece que la señal fue enviada desde un lugar al sur del planeta. Hay una zona cercana donde podemos ocultarnos.
- Excelente. Aterricemos .

Velero solar Alpha
Velero solar Alpha

La nave plegó sus velas en un caleidoscópico movimiento, y se zambulló en la atmósfera del planeta. Geonosis constaba en los registros de la República como un planeta en vías de desarrollo, con un nivel tecnológico bastante básico. El hecho de que alguien hubiera enviado una señal subespacial desde un lugar así, resultaba casi más inquietante que el contenido de la misma.

Se posaron en una gruta en la falda de una montaña de poca altura, pero que les ocultaba de forma muy eficaz. A los pies de la misma se extendía una gran pradera de hierba alta y color ocre, casi como un campo de trigo. Se avistaban unos pocos árboles, muy desperdigados .

Superficie de Geonosis
Superfície de Geonosis

El velero abrió la compuerta de salida y desplegó su rampa. El primero en salir al exterior fue Obi-Wan, que echó un rápido vistazo a su alrededor. Yoda le siguió inmediatamente, ayudándose con su bastón . Formaban un dúo bastante curioso; Obi-Wan , el padawan (nombre que recibían los aprendices de jedi), era un joven humano de veintiún años, fuerte, atlético, de cabello castaño y con la mirada de los que aún sueñan con visitar el universo entero; por otro lado, su maestro era un pequeño y extremadamente viejo alienígena verde con largas orejas puntiagudas, que a duras penas le llegaba a las rodillas. En sus ojos y arrugas sólo podía leerse una cosa: veteranía.

Una ligera brisa rompía el silencio que reinaba en el lugar.

- Tengo un mal presentimiento -murmuró Obi-Wan con el ceño fruncido .
- Puede que algo más sea, joven padawan -contestó Yoda, con los ojos cerrados, pensativo-. En este mundo, algo que no va bien hay... algo que nuestros sentidos nubla, como una... sombra...
- ¿Te encuentras bien, maestro?
- Sí, claro que bien estoy -Yoda abrió los ojos, algo molesto-. De buscar a nuestro geonosiano misterioso hora es.

Obi-Wan inició el descenso. Podría decirse que Yoda también, pero teniendo en cuenta que su tamaño y edad convertirían la bajada en una peligrosa y larga aventura, Obi-Wan recurrió a algo que ya había hecho con anterioridad en entrenamientos: se colocó una especie de mochila alargada en la espalda, llevando a su maestro cómodamente en el interior, asomando la cabeza y los brazos .

Obi-Wan Kenobi y Yoda
Obi-Wan Kenobi y Yoda

Gracias a la agilidad innata de Obi-Wan, que había sido ampliamente potenciada por el duro entrenamiento de padawan, alcanzaron la base de la montaña en pocos minutos. Una vez ahí, sacó de su cinturón un pequeño aparato con una pantalla, en la que podía verse un mapa de la zona. Ellos estaban señalizados como un punto rojo en el centro, pero había algo más: una señal blanca y parpadeante, a poca distancia.

- El origen de la señal se encuentra a un kilómetro y medio en dirección sur -informó Obi-Wan.
- Bien, con mucha cautela acerquémonos -dijo Yoda, que bajó al suelo con la ayuda de su padawan.
- ¡Maestro, mira!

Obi-Wan señaló al cielo. Una pequeña y oscura nave se abría paso entre las nubes, demasiado lejos como para identificarla, o para que alguien en su interior pudiera verles. Desapareció tras unas montañas lejanas.

- Los únicos interesados en este mundo parece que no somos -murmuró Yoda-. Continuemos .

Hacía calor, pero la escasa humedad y el hecho de que había comenzado a atardecer, lo hacían soportable. Tras una caminata de veinte minutos, el aparato de Obi-Wan emitió un zumbido.

- Es aquí -anunció el padawan. Miró a su alrededor-. Pero no veo a nadie...
- De nuevo la impaciencia te puede, Obi-Wan -replicó Yoda, que había descansado varias veces a lo largo del trayecto-. Que la Fuerza guíe tus sentidos dejar debes...

Obi-Wan suspiró. Llevaba cinco años de su vida siendo un padawan y muy pronto le sería concedido el grado de Caballero Jedi. Ojalá entonces Yoda dejara de repetirle siempre las mismas cosas.

- Si, tienes razón, maestro... -de pronto clavó su vista en algún punto por detrás de Yoda.
- ¿Y bien? ¿Tu instinto qué te dice? -preguntó éste.
- ¡Que no estamos solos!

Obi-Wan deteniendo un disparo en Geonosis
Obi-Wan deteniendo un disparo en Geonosis

Con un rapidísimo movimiento, Obi-Wan sacó su espada-luz del cinturón y la encendió, justo a tiempo para detener media docena de disparos . Posiblemente eran producidos por un blaster, pero... ¿quién o qué era el atacante?

- ¡Alto el fuego! ¡No son ellos! -gritó alguien tras un montón de grandes rocas, desde donde parecían provenir los disparos.
- ¿Quién hay ahí? -preguntó Obi-Wan.
- Creo que eso deberíamos preguntarlo nosotros -dijo otra voz.
- Jedis al servicio de la República somos -anunció Yoda-. En respuesta a una llamada de socorro venimos.

Tres geonosianos surgieron tras las rocas, con prudencia pero también con curiosidad. Obi-Wan se sobresaltó.

- ¡Lo sabía! -exclamó- ¡Sabía que veía algo extraño en esa grabación! Fíjese, maestro... ¡les han cortado las alas!
- Me temo que así es -comentó con tristeza el que parecía el líder de los tres geonosianos-. Me llamo Jar Binks . ¿Dicen que son jedis?
- Así es, señor Binks. El maestro Yoda soy, y este mi padawan es, Obi-Wan Kenobi.

Jar Binks
Jar Binks

Físicamente, los geonosianos eran bastante peculiares. De estatura mediana, fuertes, ágiles, de ojos saltones, con brazos y piernas prensiles... eso no era especialmente raro. Pero parecía como si la naturaleza se hubiera vuelto muy caprichosa en ese mundo, y hubiera intentado lograr a una criatura reptiliana, pero con alas de insecto. El problema es que estos mostraban signos evidentes de que algo o alquien extremadamente fuerte, se les había cortado y arrancado sin piedad.

- ¡Gracias a los dioses! No creíamos que nadie respondería a nuestra señal -continuó Jar Binks-. Estamos desesperados, maestro Yoda.
- ¿Qué es lo que en este planeta ocurre? ¿Quién eso les ha hecho? -Yoda señaló lo que quedaba de las alas del jefe.
- Será mejor que nos acompañen -dijo Jar Binks, algo incómodo-. Esta zona no es segura...
- Sí, razón tiene. A cubierto pongámonos.

Y con las sombras aumentando a su alrededor, los dos jedis y los tres geonosianos desaparecieron en la oscuridad.


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