
Tarpals y Rep Been
Obi-Wan reaccionó
con rapidez, pero no fue el único. Jar Binks y los otros dos guerreros
geonosianos contraatacaron ferozmente, disparando unas armas de energía
que, con toda certeza, habían sido robadas al enemigo, pues su raza no
poseía ese nivel de tecnología
.
El padawan, por su parte, reflejaba con gran destreza los disparos que recibía
.
Jar Binks se sorprendió al ver, mientras disparaba, que Yoda se hallaba completamente inmóvil; el maestro mantenía su mirada fija en los atacantes, con el ceño fruncido y sin parpadear. De pronto, ocurrió algo completamente imprevisible: dos soldados se lanzaron el uno sobre el otro, chocando con gran fuerza y quedando inconscientes por el impacto. El tercero fue abatido sin problemas por los geonosianos.
- Continuar podemos
-anunció Yoda, que relajó el rostro y empezó a moverse
de nuevo.
- Eh... ¡eh, un momento! ¿Cómo demonios ha hecho eso? -exclamó
Jar Binks.
- Yo no le preguntaría eso, señor Binks -intervino Obi-Wan, guardando
su espada y sonriendo.
- ¿Por qué no?
- Porque yo lo hice... y ahora soy su padawan.
- Oh...
- Se toma ciertas preguntas muy en serio. No se lo tenga en cuenta
.
- Extremar cautela ahora debemos -dijo Yoda, que por fortuna no había
oído la conversación y seguía caminando-. Lo suficientemente
rápidos puede que no hayamos sido. Que vendrán refuerzos sospecho...
* * *
Paralelamente, en el interior de una cueva cercana, una alta y siniestra figura se adentraba en la oscuridad. Caminaba con orgullo, pero con el aire de aquellos que disfrutan inspirando terror en los demás.
Lo sorprendente es que era humano. Tenía alrededor de cincuenta años y era delgado, de pelo canoso, con barba y vestía con mucha elegancia, en tonos oscuros.

Darth Tyranus
En la parte más profunda de la cueva, encontró a otra figura humanoide. Estaba meditando sentado en el suelo, con una capucha cubriéndole gran parte de la cabeza.
- Maestro -dijo el encapuchado
repentinamente, sin ver al visitante. Hablaba casi en susurros y lentamente-.
¿Me necesitas?
- Así es -contestó el otro hombre-. Tenemos visita.
- ¿Soldados de la República? Si es así, no quiero perder
el tiempo. No son rivales para mí.
- Tranquilo, mi buen aprendiz. Te aseguro que son unos oponentes dignos de tu...
talento.
- ¿Qué clase de oponentes?
- Jedis...
Esa última palabra sonó como si ambos seres fueran demonios hablando sobre ángeles. El encapuchado alzó la vista y sonrió levemente. Unos inquietantes ojos amarillos brillaron sobre un rostro rojo como la sangre, surcado por gruesas líneas negras.

Darth Maul
* * *
Yoda y los demás
se hallaban a resguardo de las miradas, en una cornisa de roca, observando el
campo de prisioneros. Era una especie de mina abierta, al aire libre, en la
que cientos de geonosianos que habían sufrido la ya conocida mutilación
en las alas, eran obligados por los soldados blancos a extraer minerales y transportarlos
.

Mina de Geonosis
- Ahí están
nuestros hermanos y mujeres... -murmuró uno de los dos guerreros geonosianos,
conteniendo su ira.
- No puedo soportar verles así, Rep... ¡deben estar deseando morir
antes que seguir un segundo más en esa situación! -exclamó
el otro.
- Silencio, Tarpals -le interrumpió Jar Binks-. Y tú también,
Rep Been
. No dejéis que
el orgullo guerrero os ciegue ahora...
- Sabio consejo, señor Binks. Muchas batallas perdido se han por paciencia
no tener -añadió Yoda-. Obi-Wan, ¿qué ves?
El padawan sostenía
ante sus ojos unos prismáticos de gran alcance. Estaba estudiando la
situación
.
- Hay decenas... cientos
de soldados, por todas partes -informó Obi-Wan-. Me pregunto de dónde
habrán salido... nunca había visto unos uniformes así.
¿Te resultan familiares, maestro Yoda?
- En absoluto -reconoció Yoda, algo molesto-. Cientos de mundos a lo
largo de mi vida he visitado, y nada parecido he visto.
- Nos van a abandonar a nuestra suerte, ¿verdad? -intervino Tarpals.
- A alguien en apuros, un jedi nunca abandona -le respondió Yoda en un
tono bastante firme.
- Un momento, ahí hay algo... raro -dijo de pronto Obi-Wan, que continuaba
observando el terreno.
- ¿Qué ha visto? -se interesó Jar Binks.
Obi-Wan desvió
su mirada hacia el geonosiano. Parecía desconcertado
.
- Señor Binks...
su líder nos ha contado que a todos los geonosianos les fueron cortadas
sus alas. ¿No es así? -preguntó.
- Desgraciadamente, es cierto. ¿Por qué lo pregunta?
- Porque acabo de ver a un grupo de unos diez geonosianos... con las alas intactas.
- ¿Qué? ¡Deme eso!
Jar Binks le arrebató los prismáticos a Obi-Wan y escudriñó el terreno.
- Están hacia
la mitad de la pared de roca -le indicó el padawan-, justo donde empieza
la sombra de la montaña... ¿los ve?
- ¡Sí, ahí están! -exclamó Jar. De pronto
se quedó paralizado y soltó los prismáticos-. Pero... no
puede ser...
- ¿Qué ocurre, Jar? -preguntó Rep Been
.

Geonosianos alados descubriendo al grupo
Obi-Wan recogió el aparato y volvió a mirar en la misma dirección.
- Son... son ellos...
-dijo Jar Binks, con un hilillo de voz-. He visto a mi hermano...
- Creo que tenemos problemas, maestro Yoda -dijo Obi-Wan.
- Sí... un gran peligro percibo... -contestó, repentinamente agitado-.
Este lugar... seguro no es...
- Ya lo creo... ¡nos han visto y vienen hacia aquí!

Geonosianos alados volando hacia el grupo
- ¡Es el grupo
de mi hermano! ¡Y él está con ellos! -exclamó Jar
Binks, alegre- ¡Os dije que eran los mejores! ¡Debieron escapar
de la Amenaza Fantasma y ahora vienen a reunirse con nosotros!
- Algo no cuadra, Jar, viejo amigo... -le interrumpió Rep Been.
- Es cierto -Obi-Wan encendió su espada, instintivamente-. Han salido
a la vista de todos...
- ¡Y nos están apuntando! -gritó Tarpals.
Obi-Wan había
acertado al encender la espada, porque los geonosianos alados llegaron hasta
el grupo disparando lo que parecía una ráfaga de advertencia,
pero que estuvo a punto de herir al maestro Yoda. Sin embargo, lejos de parecer
alarmado, permaneció inmóvil mirando a los atacantes que, unos
instantes después, aterrizaron rodeando al grupo. Les apuntaban con las
mismas armas que los soldados blancos
.
- ¡Glass! -exclamó Jar, sin salir de su asombro- ¡No lo puedo creer, estás vivo!
Glass se acercó lentamente a su hermano. Le miró fijamente a los ojos y sonrió.
- Hola, hermanito -dijo finalmente.
Y sin más, lo dejó inconsciente de un terrible golpe en la cabeza, con su propia arma.
- Adios, hermanito -añadió, sin dejar de sonreír.
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