En contra de lo que pudiera parecer, Darth Maul no estaba furioso, sino emocionado. Nunca antes se había enfrentado a un enemigo tan formidable y a la altura de su talento.
Se había deslizado por la cornisa hasta llegar a un saliente, donde encontró un hueco entre las rocas donde poder ocultarse de los disparos y pasar desapercibido. Su único pensamiento era volver a enfrentarse a aquel guerrero y acabar lo que había empezado.
Súbitamente, un breve pitido sonó desde el interior de la túnica. Era su comunicador holográfico. Maul lo sacó y lo encendió rápidamente, pues sabía de sobras que sólo una persona podía estar utilizándolo.

Darth Maul en Geonosis
- Maestro Tyranus... estaba a punto
de... -se apresuró a decir.
- Ahórrate las explicaciones, aprendiz -respondió Tyranus. Su
alta, delgada y oscura figura había aparecido sobre el comunicador, una
especie de disco metálico que proyectaba su imagen en tiempo real. El
tono de voz del maestro indicaba que, a pesar de contener mucha ira, estaba
lejos de querer descargarla sobre Maul-. Sé de sobras que la llegada
de esas naves ha complicado las cosas. Sal de donde estés y reúnete
conmigo lo antes posible en la cueva del noreste.
- Maestro... ese es nuestro hangar privado -Maul estaba perplejo-. ¿Está
diciendo que vamos a...?
- ¿Huir? En absoluto. Los jedis y la propia República Galáctica
han descubierto lo que estábamos haciendo aquí. Nuestro plan entra
en una nueva fase... -Darth Tyranus hizo una breve pausa y concluyó en
un tono más sereno- Debemos reunirnos con Lord Sidious.
- Entiendo... ![]()
Maul sonrió de forma casi
imperceptible al escuchar ese nombre, pero su maestro no lo advirtió.
Cortó la comunicación y reanudó el descenso, veloz pero
muy calculado, hacia la base del desfiladero. ![]()
* * *
La batalla había concluído
con una victoria aplastante de los mercenarios. No sólo habían
destruído todos los Tie Zero uno a uno, sino que se las habían
arreglado para detectar los hangares del enemigo, llenos de naves de transporte,
y destruirlos con una lluvia de bombas. De esta forma, ningún soldado
enemigo podría huir del planeta. Unos cuantos Z-50 habían aterrizado
en la mina tras asegurar la zona, y sus ocupantes habían descendido de
ellos armados hasta los dientes, para vigilar a los ahora cautivos soldados
de la Armada Blanca. O al menos, las pocas decenas que quedaban con vida; aquello
se debía no sólo a que los mercenarios fueran muy buenos en su
trabajo, sino también porque los geonosianos esclavizados habían
aprovechado la situación para rebelarse contra sus captores. Con bastante
saña, dicho sea de paso. ![]()
En todo ese tiempo, Yoda no había apartado la vista de los dos cazas que le habían llamado la atención a él a y su padawan. De repente, uno de ellos decidió aterrizar mientras el otro daba una última vuelta de reconocimiento. El aparato se posó casi en el centro de la gran mina abierta. Los jedis, que habían contemplado la batalla desde una posición segura, decidieron que ya era hora de echar un buen vistazo.

Obi-Wan observando la Batalla de Geonosis
- Jar Binks, ¿de acercarte
a decir a tus hermanos de armas que a ayudarles venimos, tan amable serías?
-le pidió Yoda.
- Oh, por supuesto. ¡Vamos, chicos! -exclamó Jar antes de marcharse
con el resto de geonosianos libres.
- ¿Y los mercenarios, maestro? -preguntó Obi-Wan, algo preocupado-
Ambos somos representantes de la justicia. En cuanto nos vean tirarán
a matar, pero hay que acercarse a hablar con ese piloto de alguna forma. Sea
quien sea, la Fuerza está con él. Y a pesar de ello...
- Sí. Aún más
intensa en el otro piloto es -añadió Yoda-. Tu comunicador dame,
Obi-Wan.
- Er... ¿estás seg...? -Obi-Wan se lo pensó dos veces y
le entregó el aparato- Sí, maestro.
Yoda agarró el comunicador con sus pequeñas manos verdes y empezó a pulsar botones. Era obvio que el maestro quería captar la señal de radio de los mercenarios. Tras unos segundos de estática e interferencias, finalmente los jedis escucharon una voz claramente humana.
- ... tor delta. El resto que vaya
al sector beta e inspeccionen las cuevas de esa zona. No me fío. Podrían
estar...
- Saludos. ¿El líder de los mercenarios usted es? -preguntó
Yoda con una naturalidad que asustaba. ![]()
- ¿Eh? ¿Quién ha dicho eso? ¡Tu voz no me es familiar!
- Ciertamente. El maestro jedi Yoda soy, y junto a mi padawan viajado a Geonosis
habíamos para a sus habitantes ayudar. Que el problema ya solucionado
esté, celebro.
- ¿Maestro? ¿Acabas de decirle que...? -nuevamente Obi-Wan decidió
guardar silencio.
- ¿Jedis? ¡Soldados de élite de la República! -exclamó
el hombre desconocido- ¡Lucharemos hasta...!
- Que no lo entiende temo, caballero -le interrumpió Yoda-. A ayudar
a los geonosianos venido habíamos. De atacarles ninguna intención
tenemos. Además, sólo dos somos.
- ¿Cómo puedo fiarme de lo que dice?
Yoda guardó silencio un breve instante y finalmente respondió.
- Kai'kilyanag.
Otro silencio se produjo, pero esta vez por parte del hombre desconocido.
- Entiendo... -dijo finalmente, en
tono algo sorprendido-. Bien, dígame dónde se encuentran ahora
mismo. ![]()
- Muy cerca, realmente -Yoda miró a su padawan, que estaba muy desconcertado-.
Obi-Wan, tu espada alza para que localizarnos puedan.
- Er... sí, ahora mismo, maestro -y obedeció. El brillo de la
espada era claramente visible desde casi cualquier punto de la mina.
- ¡Sí, ya les veo! -exclamó el desconocido- Atención,
aviso a todas las tropas: ¡no disparéis a los jedis! ¡Repito:
no disparéis a los jedis! Acaban de establecer un Kai'kilyanag. Guiadlos
hasta mí.
- Entonces el líder usted es, supongo -continuó Yoda-.
- Sí, en efecto. Pero no diré mi nombre por radio, no es seguro.
Hablaremos ahora. ¡Corto la comunicación!
Yoda sonrió satisfecho y apagó el comunicador.
- Mira Obi-Wan, a escoltarnos ya
vienen -dijo el maestro señalando a tres mercenarios que estaban acercándose.
- Maestro... ¿qué era esa palabra que ha dicho?
- Una de esas cosas que con la edad se aprenden. Kai'kilyanag a un idioma casi
extinto pertenece. Para los mercenarios, desde tiempos muy antiguos, "parlamento"
ha significado. Y respetado ese derecho siempre ha sido. ![]()
- Vaya, interesante... será mejor que lo recuerde para otra ocasión
-Obi-Wan sonrió.
Los mercenarios les acompañaron a la nave que se había posado minutos antes, precisamente aquella en la que los jedis habían percibido algo inusual. En cuanto llegaron, la carlinga del Z-50 se abrió. En su interior había un hombre de mediana edad, de unos cincuenta años. Era rubio, tenía barba de una semana y por su expresión no parecía que le hiciera mucha gracia hablar con jedis.
- Jedis en Geonosis. Cuando creía
haberlo visto todo... -dijo en tono de fastidio mientras descendía de
la nave.
- Yoda mi nombre es, como ya dicho le he. Mi padawan Obi-Wan Kenobi se llama.
¿Con quién el gusto de hablar tenemos?
El hombre suspiró, se quitó el casco y, nada más poner los pies en el suelo, decidió hablar.

Clieg Skywalker
- Me llamo Clieg Skywalker. Oigan,
hemos venido a este planeta por... ![]()
- ... una llamada de socorro de los geonosianos. Lo sabemos -terminó
Obi-Wan-. En realidad es el mismo motivo que nos ha llevado hasta aquí.
Pero no esperábamos encontrar a un ejército desconocido...
- Típico de la República -replicó Clieg algo molesto-.
Lo que ocurre en los sistemas del borde nunca llama la atención del senado.
- ¿Qué quiere decir con...?
- La Armada Blanca, por supuesto. Los hemos visto aparecer y desaparecer de
algunos planetas y lunas en los últimos meses. Si en la capital galáctica
no estuvieran tan ocupados vigilando a los planetas ricos, a estas alturas ya
deberían conocerles de sobras.
Obi-Wan se sintió muy avergonzado al escuchar aquello. Clieg tenía toda la razón del mundo. O más bien de la galaxia.
- Si eso cierto es, una investigación
inmediata los jedis comenzaremos. Y al senado informar debemos -contestó
Yoda-. Pero el Kai'kilyanag sagrado es, y a ustedes no mencionaremos -añadió
para tranquilizarle.
- Es curioso que alguien como usted, maestro Yoda, conozca una palabra así
-se interesó Clieg.
- Con la edad mucho se aprende.
- ¿Cuántos años tiene?
- Más de los que imagina -Yoda sonrió. ![]()
- Vale, lo que usted diga. Oigan, no nos andemos con más rodeos: ¿por
qué han querido venir a hablar conmigo?
De pronto, Yoda cambió radicalmente su expresión y mostró un rostro bastante más serio. Miró fijamente a Clieg.
- Usted especial es -dijo-. Usted
y alguien más...
- ¡Maestro, ahí viene! -exclamó Obi-Wan.
Efectivamente, el caza que previamente había desaparecido para dar una última vuelta de reconocimiento, estaba aproximándose para aterrizar bastante cerca del de Clieg.
- ¿Él? Pero si es.... -intentó decir Clieg señalando el aparato, pero el estruendo del motor ahogó sus palabras.
En el momento en que el caza se posó sobre la arena, Tarpals y Jar Binks se acercaron a Yoda y Obi-Wan.
- Er... creíamos que se habían
ocultado de los mercenarios -se extrañó Tarpals- ¿Cómo
han conseguido hablar con ellos?
- Mi maestro es un pozo de sorpresas -respondió Obi-Wan. Luego señaló
al caza recién aterrizado-. Y puede que eso también.
La carlinga se abrió. Los jedis se asombraron al comprobar que en su interior había un adolescente.
Y al igual que Clieg, no parecía muy contento de verles.
- ¡¿Jedis?! ¡Papá!
¡¿Cómo se te ha ocurrido...?! -exclamó irritado.
- ¡Haz el favor de calmarte! ¡Sabes que hay que respetar el Kai'kilyanag!
-le replicó Clieg.
El chico descendió del caza. Llevaba el pelo castaño y corto, era alto y tenía los ojos marrones. La expresión de su rostro dejaba bastante claro que no se sentía nada cómodo en aquella situación.
- ¿Su hijo es? -preguntó
Yoda a Clieg.
- En efecto. Se llama Anakin. ![]()
![]()
CONTINUARÁ...
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